También salió a hombros en la tradicional corrida de ASPRONA.
Albacete, 9 de junio. Corrida a beneficio de ASPRONA. Media entrada.
Toros de Las Ramblas, desiguales de presentación y juego, destacando el lidiado en primer lugar.
Miguel Ángel Perera (de coral y oro), ovación con aviso y oreja tras otro aviso.
Cayetano (de tabaco y oro),silencio y silencio.
Rubén Pinar (de siena y oro), oreja y oreja.
De las cuadrillas destacaron Javier Ambel, Ángel Otero y Candelas.
Albacete. Paco Delgado
No se rompió la racha y Rubén Pinar volvió a sumar una nueva salida a hombros en Albacete, la séptima ya consecutiva. Fue en la tradicional corrida a beneficio de ASPRONA, un festejo que llegaba a su cuadragésimonovena edición y que este año sirvió también para homenajear a Dámaso González, el torero que le dio el impulso definitivo a esta función.
Se lidió un encierro de Las Ramblas de muy desigual presencia y de juego también dispar, predominando la mansedumbre y siendo el primero, muy serio asímismo, el de mejor juego. Con él, Miguel Ángel Perera, que ya se hizo ovacionar al quitar por chicuelinas, anduvo muy valiente y dispuesto en todo momento, ligando los muletazos en un palmo de terreno y en una labor muy bien estructurada y compacta, conduciendo con templanza las embestidas un toro noble y repetidor. Falló más de la cuenta con la espada y eso le privó de haber logrado ya la puerta grande en su primer turno, puesto que la oreja conseguida del cuarto resultó insuficiente. Fue este un ejemplar distraído y desentendido al que Perera acabó exprimiendo a base de mando y mano baja. Mató de una buena estocada pero el animal se amorcillo y tardó mucho en doblar, diluyéndose el entusiasmo de la gente y quedando todo el premio en una única oreja.
Se fue Pinar a recibir a porta gayola a su primero, que salió sin hacer caso de su matador, que quedó desairado. Astado áspero y muy a la contra, tirando Pinar de valor y agallas para sacar algo positivo, llevándose en el intento una muy aparatosa voltereta de la que tardó un rato en recuperarse, aunque volvió a la cara del toro como si nada hubiese pasado para asegurarse ya la primera oreja de su cuenta particular.
La puerta grande llegó tras doblar el sexto, tendente a rajarse y a la huida desde que saltó al ruedo, con el que el de Tobarra se fajó en una pelea cara a cara y ganando la partida al acertar a llevarle siempre muy tapado y embebido en la muleta, luciendo sobre todo al torear en redondo.
No conectó Cayetano con la gente, sin acabar de entenderse con el segundo de la tarde, siempre suelto y a su aire. El quinto se lo pensaba mucho antes de embestir, muy a la defensiva desde que se hizo presente en la arena, sin que su matador pudiese armar un trasteo sólido ni eficaz, dejando tan solo algún muletazo aislado con buen aire y una faena en conjunto deshilvanada y sin contenido.









