El gobierno ha vuelto a demostrar que no todos somos iguales ante su ley y, a través del Ministerio de ¿Cultura?, ha suprimido la limosna que sus PGE destinaba a la tauromaquia, lo que ha generado un alud de manifestaciones, críticas y reacciones que, sin embargo, no entran en el fondo del asunto.
Ya estoy convencido de que en España estamos en un manicomio. Y además manicomio especialmente peligroso porque los que mandan son los que están peor de la cabeza -¿o no?- o los más dañinos -¿o no? o los más fanáticos -¿o no?-.
Reacción fulminante y unánime del toreo frente a la última barbaridad de URTASUN. Habrá muchos más premios taurinos.
La Tauromaquia es patrimonio cultural guste o no guste; así lo estipula la legislación. Los cargos políticos están en su derecho de tener su opinión personal al respeto, pero no pueden ir en contra de ella porque para acceder a sus puestos prometieron cumplir las leyes y la Constitución, en cuyo artículo 46 establece que la ley penal sancionará los atentados contra el patrimonio cultural.
Para que el espectáculo taurino sea algo más que un mero cuadro plástico, es imprescindible que el toro acometa y el torero responda. Sin esta premisa todo lo demás está de más.
Tras la de Fallas y la de abril, estamos como estábamos. Morante y Roca Rey acaparando la atención y los demás esperando a que les dejen paso, tanto los veteranos como los jóvenes que llegan.






