Es uno de los últimos grandes inventos del mundo de los toros. Las galas para presentación de carteles son ya comunes, y al parecer imprescindibles, no sólo para las grandes ferias y plazas de primera -Sevilla ha sido la última que se ha sumado a la moda- sino prácticamente a cualquier serial que quiera darse bombo y realzar con un evento de este tipo el dar a conocer su propuesta.

Lo de Zaragoza se las trae. Lo único comprensible es la denuncia de tantos empresarios en ANOET a un pliego que consideran desquiciado. Y también hay que asumir que, como buenos baturros, erre que erre, sigan empecinados en el error los responsables del dichoso pliego, pese a tantas opiniones cualificadas en contra.

Diez años después del cerrojazo en Xàtiva y con Carcaixent sumándose al bloqueo institucional, la tauromaquia vuelve a quedar a la intemperie: prohibiciones municipales que asfixian la base y un sector profesional incapaz de sostener la unidad cuando más se la necesita, como se ha demostrado en el “caso Zaragoza”, con un pliego que encarece la gestión de la plaza y adelanta los carteles, condicionando la Feria del Pilar y el bolsillo del espectador. Entre vetos locales y concursos al límite, el gran damnificado sigue siendo el aficionado, cada vez con menos voz en su propia fiesta.

Siguen empeñados nuestros ¿responsables? de la cosa pública en hacernos tragar con lo que a ellos les interesa y beneficia a sus intereses. Y en vez de trabajar y buscar soluciones para que este pobre país funcione y toda fluya razonablemente bien, se van por los cerros de Úbeda y se enfangan en empresas  absurdas y que sólo les aplaude quien busca sacar rédito de ello.

Ya están los abonados en la cola de Las Ventas o ante el ordenador sacando sus abonos y también dentro de unos días en la Maestranza, analizando, revisando y hasta rumiando los carteles de ambas ferias, las más importantes del toreo.

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