Hace décadas era habitual que muchos jóvenes quisieran ser toreros para salir de la pobreza. La causa económica era principal para emprender la aventura. Hoy hay que tener dinero para comenzar a dar los primeros pasos en el mundo taurino, y la motivación es bien diferente, circunscribiéndose a factores pasionales y de reconocimiento.

No pierde ocasión el personal de lucirse y sacar pecho a la más mínima ocasión. Lo malo es que, muchas veces, se hace buscando provecho fácil y arrancar ovaciones, y votos, con acciones de más bien poco valor o ninguno, haciendo ilusionismo ante un público entregado de antemano o escasamente entendido.

Con los carteles en la calle de las últimas ferias (El Pilar y Jaén) es un buen momento para plantearse si las plazas de primera, especialmente Las Ventas, la más grande, la más influyente, y hasta hace años, decisiva, sigue pesando como antes, y hasta ahora más importante que todas las demás. Y me refiero a que los triunfos en Las Ventas significaban consagración de toreros y, sobre todo, firma de muchos contratos. Salir lanzados para la temporada y tener sitio en todas las ferias de primera y de segunda.

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