Estamos todavía con el susto de Madrid con el anuncio del posible cierre de la plaza ¿o fue un globo sonda de los malvados?. “Si cierra Madrid, cierra el toreo”. Es mi opinión.
San Isidro sigue yendo a los toros pero cuánto y cómo porque queda por aclarar el número de espectadores en este 2017. Taurodelta y el canal de pago lo intentaron pero ha sido Plaza 1 el que lo tomó en serio y dio todos los datos todos los días. Hemos pasado de hablar de un tercio, de un cuarto, de un quinto o de media entrada, tres cuartos, dos tercios etc al número exacto de espectadores cada tarde. ¿Exacto realmente?
Debo tener cierta atracción sobre los “enteraos”, esos especímenes que pululan por las plazas de toros haciendo alarde de sapiencia taurómaca aunque, en realidad, apenas conocen que un toro tiene cuatro patas y dos cuernos. Ante su vociferante e incontrolable verbigracia nunca sé cómo actuar. ¿Es mejor permanecer callado y dejar que digan una tras otra todas sus barbaridades, o es preferible pedirles que se mantengan en silencio y que dejen al respetable ver el festejo en paz?
No fue Gregorio, sino Gregirio para un grupo de niños aficionados. Gregorio Sánchez utilizó su segundo apellido para anunciarse porque el Lozano ya estaba muy visto y era casi propiedad de los Hermanos de este apellido, que entonces se movían mucho ya y armaban su ruido.
No hacía ni un año de la tragedia de Víctor Barrio cuando el toreo se ha visto sacudido de nuevo por la desgracia. De golpe y porrazo nos ha dicho adiós el infortunado Iván Fandiño, el más destacado de los toreros vascos de los últimos tiempos y que el pasado sábado resultó muerto en la plaza francesa de Air Sur L’Adour, al ser corneado por un toro de Baltasar Ibán que le destrozó varios órganos vitales, haciendo inútil la intervención de los facultativos que le atendieron, primero en la enfermería de la propia plaza y, posteriormente, en un hospital de la vecina ciudad de Mont de Marsan.
Ante la muerte de Iván Fandiño nada podrá consolar a su familia y amigos. ¿Por qué? No hay respuesta. Podía haber sido cualquiera y podrá seguir siendo cualquiera. Sólo cabe pensar que él, como aquellos que antes perecieron en las astas de un toro y aquellos que le sucedan, ha puesto en valor el toreo, magnificando el verdadero significado de jugarse la vida y demostrando que, en el toreo, la línea entre la vida y la muerte es tan fina que permanecer a este lado de ella parece cosa de milagro.






