“Mientras no sea incompatible ser al mismo tiempo empresario y apoderado el sistema no será justo, ni siquiera lícito”. Es un tópico, pero es cierto. El poderoso decide que torean los suyos y quienes tienen algo para compensar. El resto a rezar para que llegue un milagro. Y de vez en cuando incluso se produce, lo que maquilla la inmoralidad de un régimen demasiadas veces tirano.

Dicen que nos encontramos en uno de los mejores momentos de la  historia de la tauromaquia, tanto por el alto grado de toreabilidad  que presenta el toro actual como por la perfección técnica alcanzada  por los diestros que hoy se visten de luces. Y a tenor de lo visto en  algunas plazas, con algunos toreros frente a determinados toros, no  se puede oponer reparo alguno ni hacer objeciones. Es así.

Un grupo antitaurino ya ha dejado ver sus intenciones y ha estado  enredando -y dejando ver sus carencias y vergüenzas- en Alicante para  intentar que se retire la imagen de Miguel Hernández del cartel  anunciador de la feria de Hogueras.

Un político ignorante se convierte en un osado potencial, y eso hace peligrar los derechos por los que lucharon nuestros antecesores. Hay una nueva tendencia política que idolatra a intelectuales y artistas del pasado muy significados con su misma ideología al tiempo que intenta esconder la afición que sentían por los toros, es más, pretenden censurar cualquier manifestación que tenga que ver con ello. ¿Desconocimiento, dictadura?

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