Los números no entienden de debates ideológicos y hablan con claridad. Los datos de asistencia, abonos y participación popular revelan una realidad marcada por el crecimiento, la renovación del público y el impulso decisivo de la televisión como gran escaparate de la Fiesta.

No es la primera vez que sucede ni, lamentablemente, será la última. Las plazas cada vez acogen menos aficionados -y muchos menos de los que de verdad sepan y entiendan- y sus tendidos se pueblan mayoritariamente de un público festivo que sólo busca diversión, sin analizar ni tener en cuenta qué es lo que sucede en el ruedo. Sólo quieren orejas como prueba de que la función ha valido la pena.

Como el resto del pueblo español. Como también casi todos los países del globo. El mundo taurino no podía ser menos. La locura no sé si es leve, normalita o grave. Que cada uno opine. Me limitaré a reflejar los hechos.

En la pasada feria de Fallas de Valencia, la polémica volvió a erigirse en protagonista de una tarde que debía ser de toros y acabó convertida en debate. La negativa a conceder una oreja reabrió la cuestión del criterio presidencial, la coherencia en la concesión de trofeos y el papel de una afición cada vez más heterogénea.

Todavía, supongo, no hay psiquiatras para lo de ZARAGOZA. Se anula la licitación y no habrá feria de SAN JORGE salvo que los políticos socialistas admitan la solicitud de dejar la plaza para el día del santo a EL TATO, dispuesto a montar una goyesca en esa fecha tan señalada con cartel totalmente maño. Y ahora a esperar el permiso y a esperar también que estos políticos “muy defensores del pueblo” acepten la oferta.

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