No parece que podamos salir del manicomio nacional. Ya en sanfermines, el alcalde de PAMPLONA, JOSEBA ASIRÓN, navarro antitaurino, de partido vasco antiespañol, dice que el tema de los toros sí, toros no, tiene que venir desde la calle (al parecer lo echa de menos) pero que no cree que nadie vaya a decretar la prohibición de encierros y corridas. Digo yo que sería como hacer desaparecer la ciudad. Este sonriente ASIRÓN, de mandíbula enorme y mucha sonrisa, no es muy fiable. Su nombre me recuerda a mi abuela materna que se llamaba JOSEFA.

Rafael Alberti en los años 20 y Camilo José Cela a finales de los 30 hubiesen querido ser toreros. Los dos fueron ilustres literatos que dieron brillo y esplendor a las letras españolas, y ambos presumieron con orgullo de su afición taurina. En la década de los 40 Belmonte estaba convencido que era mucho más honroso ser banderillero que gobernador civil. Hoy faltan personajes que presuman con naturalidad y orgullo de su taurinismo, y televisiones en abierto que lo muestren.

La primera gran feria del verano, la de Hogueras de Alicante, deja notas muy positivas y esperanzadoras, tanto  en lo que a recuperación del serial se refiere, asistencia de público, nivel de presentación del ganado, etcétera, como al margen de mejora que ofrece.

Los encierros  de los sanfermines todo lo tapan, todo lo engrandecen, todo lo subliman. Los más famosos, los más vistos, los más seguidos, los más admirados, los que impactan en más países, los más concurridos, los que más mozos y mozas ponen en las calles para jugarse la vida, los de más espectadores por las calles pamplonicas y los que baten récord por la tele.

A las alternativas de JAROCHO, NEK y NAVALÓN se suma la de MARIO NAVAS, con lo que el escalafón se perfila movido para el 2025 que ya serán matadores de toros los cuatro. ¿Movido? Pues que vayan a SAN ISIDRO confirmen y triunfen y a esperar que los pongan por ahí. Porque ya ven : SAN SEBASTIÁN y HUELVA, recién anunciadas sus ferias 2024 olvidan como tantas otras a los triunfadores de MADRID, FERNANDO ADRIÁN y BORJA JIMÉNEZ. Y sigue el cuento y el lamento de que hay que dar nueva vida a los carteles.

La significación de César Rincón para la historia de la tauromaquia y para el reconocimiento de Colombia es incuantificable. Más allá de sus logros como torero, el maestro de Bogotá tiene una calidad humana ejemplar y goza de un reconocimiento personal envidiable. Sin embargo, un puñado de sectarios intransigentes que aborrecen el toreo y que desconocen la trayectoria de un hombre ejemplar que le dio fama, respeto y renombre a su tierra, pretenden borrar su pasado glorioso derribando una estatua en su honor. Tarados

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