Las castañas taurinas están en el fuego. Sumar mete más castañas. El PSOE no mueve un dedo para sacarlas. El PP dice que lo mueve pero, en ocasiones, permanece impasible. Los taurinos esperan que la propia fuerza de la tauromaquia saque las castañas del fuego, pero nadie las va a sacar salvo la parte del pueblo que siente el toreo como sus raíces y su cultura.
Acaban de hacerse públicas y oficiales las combinaciones para las primeras ferias de la temporada y, como siempre suele ocurrir, llueven las críticas y reproches en torno a estos carteles. Que si falta este torero, que si sobra aquel, que qué pinta esta ganadería... Un clásico. Nunca llueve a gusto de todos.
Estupendo sin duda porque le han dado la gran bofetada a un comunista “democrático” y odiando todo el tiempo a los demás como históricamente los de su partido, lo hurtó. Partido ilegalizado en toda la Europa de bien y en gran parte del resto del mundo. Por algo será.
La noticia es grata, no es la ideal, pero tiene dos cosas muy positivas : seguirá habiendo Premio Nacional de Tauromaquia y hemos tenido una respuesta pronta de políticos y taurinos. Y no es la ideal porque estaba donde tenía que estar pero uno de los demonios que pululan por la radical extrema izquierda ha dicho dictatorialmente que no. Pero este cebollo, que lo único que sabe es odiar primero y hacer daño después, ha tenido la respuesta fulminante del SENADO, LA COMUNIDAD DE MADRID, la FTL y 9 COMUNIDADES AUTONÓMICAS más. Y lo presentarán DIAZ AYUSO, VICTORINO MARTÍN y JULIÁN LÓPEZ “EL JULI”. Enhorabuena por la reacción. Un buen bofetón al gobierno social-comunista.
Los veterinarios de las plazas de toros, con sus aciertos y lógicos errores, son los garantes del mantenimiento del mínimo trapío de los astados y de los derechos del público. Especialmente en cosos de categoría su labor suele resultar complicada, pues las presiones que reciben en los reconocimientos no ayudan a facilitar su trabajo.
Se cumplen ahora, el pasado 18 de enero, 160 años del nacimiento de Manuel García Cuesta, mucho más conocido por su alias, El Espartero, y que por su arrojo y desprecio del peligro acabó simbolizando una de las imprescindibles virtudes de quienes tienen como profesión la de torero.






