Ha sido, sin lugar a dudas, uno de los acontecimientos de la feria de  San Isidro. Una de esas tardes que quedan en la memoria y que se  recuerdan toda la vida. Uno de esos momentos que no se olvidan y que  hacen grande la tauromaquia y... al autor de la hazaña, que, aunque  parezca mentira, más de treinta años después de haber iniciado su  carrera, sigue creciendo y demostrando la misma ilusión y las mismas  ganas que dejó ver una ya lejana tarde de agosto de 1986 en Baeza.  Bueno, ilusión, ganas... y muchas más cosas que han hecho de Ponce un  torero que marca una época.

Tu otorgada por tantos buena imaginación y creatividad se diluyó en tantas tardes, era el estreno, la novatada, pero reconocerás que el crucigrama isidril del 2017 no era para tirar cohetes, alguna del clavel y carteles de equilibrio de cara a interesar en taquilla y a vuestra economía: uno bueno, uno regular y otro interesante o de futuro. Creo, no obstante, que se mejoró respecto a otros años. Apenas carteles horrendos en 2017.

Israel Lancho cumple diez años de alternativa, pero de momento no hay festejo que conmemore su doctorado. Su caso es un ejemplo más del funcionamiento del sistema taurino, que se lo pone terriblemente complicado a quienes no tienen el amparo de una casa fuerte. Lancho siempre se la jugó de verdad ante las corridas más complicadas y siempre triunfó en su tierra, pero nada de esto le facilitó el camino. Que esta temporada le den la oportunidad de celebrar su aniversario sería una cuestión de justicia y sobre todo de sensibilidad.

Que nos ha tocado vivir una época mala, está claro. Que hay que  lidiar con moruchos y marrajos de poca o nula casta y menos nobleza,  es evidente. Pero lo que no deja de chocar es cómo y porqué hemos  consentido que haya llegado a gobernar -o, mejor, mangonear- cierta  clase de individuos -e individuas- que no tiene formación,  preparación ni educación.

“Mientras no sea incompatible ser al mismo tiempo empresario y apoderado el sistema no será justo, ni siquiera lícito”. Es un tópico, pero es cierto. El poderoso decide que torean los suyos y quienes tienen algo para compensar. El resto a rezar para que llegue un milagro. Y de vez en cuando incluso se produce, lo que maquilla la inmoralidad de un régimen demasiadas veces tirano.

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