Los carteles de la temporada sevillana, otra vez debajo de una obra polémica. En 2020 de Albert Oehlen, dicen que moderna, que ha sido criticadísima como algunas otras de temporadas anteriores, en lo que parece ser un nueva moda de “progresismo” taurino.

Taquilleros. Es decir los toreros que llevan gente a las taquillas para que los taquilleros (de las taquillas) cumplan con su obligación de vender entradas. Y taquillero fue en el 2019, hasta su lesión en julio y corte de la temporada, Roca Rey. El único.

Comienza un nuevo año y con él lo hace, ahora enseguida, una nueva temporada. Y la primera noticia de este nuevo curso es que seguimos, que no es poco.

El diario El País apunta, aunque todavía no dispara. Apunta hacia hacer desaparecer las crónicas taurinas de sus páginas secundando el interés de los lectores por la retirada de la información sobre toros. Quizá, para ser exactos, lo que ocurre es que hay una total falta de interés de los taurinos por manifestar su voluntad de que el tema se mantenga. Para que El País no acabe disparando haría falta que el sector taurómaco se activara y reclamara la atención que merece. Por el momento, sólo se ha movilizado la Unión Taurina de Abonados de Valencia, con Agustín Colomar al frente.

Comienza el año y quiero recordar un concepto que no por sabido no precise volver a insistir sobre el particular. Que la fiesta de los toros es algo arraigado de manera fortísima, y yo creo que sin que nadie pueda arrancar esta pasión, en nuestra sociedad -y mucho más en nuestro subconsciente colectivo, por mucho que las nuevas formas de entender lo que llaman política pretendan desesperada y vergonzosamente lo contrario- es algo palmario. Notorio. Obvio. Evidente e indiscutible. A pesar de lo que en contrario opinen las huestes de Podemos, Compromís y similares.

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