Hace unos días se cumplió un año de la mayor catástrofe que ha sufrido Valencia en años, muchos años. El 29 de octubre de 2024 el agua arrasó casi 90 pueblos y ciudades de la provincia, dejando cientos de muertos y una estela de desolación, desgracia y ruina que va a tardar bastante en desaparecer... Y pocos, por no decir nadie, asumen su responsabilidad en el desastre.

Larga sí. Sorprendente mucho más. Esperando tanto desde la alternativa  para ver la luz. Sin desmayo. Años y años toreando su única corrida de la temporada en su Jerez. Y parece que no lo veían o porque estaban ciegos o no se enteraban. Ni ellos, ni los apoderados, ni la empresas ni el taurinismo.

Rafael Soto Moreno, conocido artísticamente como Rafael de Paula, falleció a los 85 años en su domicilio jerezano el pasado 2 de noviembre. Paula era paradigma de emoción y belleza, icono del toreo de arte, un referente gitano situado en el selecto grupo de los toreros de culto de la historia.

De manera un tanto sorpresiva, aunque su estado de salud ya no era bueno y contaba con 85 años de edad, Rafael de Paula se fue de este mundo.

Como cada año, indefectiblemente, puntual como un reloj suizo, es terminar la temporada taurina y comenzar el trasiego de parejas. Apoderamientos que se rompen, alianzas que se deshacen, acuerdos que se sellan con un apretón de manos, los mejores deseos de prosperidad mutuos, reconocimientos de amistad inquebrantable y multitud de movimientos en busca de un futuro mejor. Aunque en esta ocasión los compases que marcan y llevan el ritmo de esta danza otoñal comenzaron a sonar antes que otras veces y no había terminado la campaña cuando David de Miranda anunciaba que dejaba de ser apoderado por el empresario y ganadero José Luis Pereda, el hombre que había dirigido su carrera desde mucho tiempo atrás.

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