La Plaza de Toros de La Misericordia, símbolo y patrimonio público de Zaragoza, vuelve a convertirse en escenario de una controversia que trasciende la gestión para adentrarse de lleno en el terreno ideológico. La negativa a permitir que las escuelas taurinas entrenen en el coso no responde a criterios técnicos ni legales, sino a una voluntad política que plantea una pregunta incómoda: ¿es la plaza de todos o el cortijo ideológico de unos pocos?
Huamantla celebra de nuevo estos espectáculos al estilo sanferminero.
Con el final de año, y la próxima temporada dejando ver ya su sombra, apuntando carteles y esbozos de ferias, la torería afina sus estrategias y, aunque a buen seguro habrá más novedades y cambios en las semanas venideras, se van cerrando nuevas alianzas y acuerdos de apoderamiento para buscar una buena posición en la salida del siguiente ejercicio.
Esto está cambiando y en poco tiempo hemos podido leer dos comunicados con mucho contenido, nuevos, sorprendentes, significativos.
Me parece que hay más prisas que otros años para planificar la temporada. Y además está el dinero de MORANTE que se lo tendrán que repartir. Y a ello van. Veremos gestas por si cuajan y se puede subir el caché. Como la de BORJA JIMÉNEZ en la In Memoriam de SAN ISIDRO. Único espada. Viene a jugársela. Y si sale bien, pues a apretar pues a apretar en caché y elección de ganaderías. Se adelanta a los demás con esta valiente y difícil estrategia. Pero el recordado RAFAEL DE PAULA era torero de arte, ¿por qué no un cartel de artistas?
La caída del último toro de Osborne en Euskadi es un nuevo ejemplo de la utilización de símbolos culturales como arma política. Más allá del gesto vandálico, aflora una estrategia que busca dividir y enfrentar a la ciudadanía, como sucedía con el intento de veto al torero Ignacio Sánchez Mejías en los actos de conmemoración de la Generación del 27. Pero ni los toros de Osborne ni Sánchez Mejías son el problema.






