Nos vamos quedando solos con otro adiós, el de ANDRÉS VÁZQUEZ, ANDRÉS MAZARIEGOS “EL NONO” en sus primeros carteles, cuando hace poco nos dejó LITRI otro grande. Se fue con 89 años el día el 17 y…dicen que el 7 es el número de la “suerte”. Ejemplo de amor a la Tauromaquia. Y ni una figura del toreo lo despidió en VILLALPANDO. Una pena.
Tras dos años sin que Las Ventas viviese San Isidro, este año se recobró la feria más larga e intensa del calendario taurino mundial y no fueron pocas las notas positivas y buenas sensaciones que dejó su celebración. Para empezar, la gran afluencia de público.
Hay otro sanisidro que va a cambiar poco el panorama de la temporada, salvo si la apetencia de ver toros en todas las ferias es igual que ha sido en ésta, si van tantos jóvenes, si hay otras revelaciones de toreros nuevos como Rufo, Téllez y Alarcón y siguen la racha triunfal los tres grandes: Morante, Juli y Roca Rey. Son los que moverán la temporada.
La tauromaquia necesita ser tratada como algo normal en la sociedad, y no ser una actividad omitida, ninguneada o despreciada como si se tratara de algo clandestino. Cada vez que un personaje famoso presume de afición a los toros, el toreo gana un escaparate para recuperar la normalidad de antaño, y del mismo modo que los taurinos se quejan de la falta de apoyos, sería oportuno que se agradecieran públicamente gestos como los de Nacho, Joaquín o Pablo Motos.
Las alegrías duran poco tras el buen San Isidro 2022 porque en MÉXICO suspenden la temporada grande de INSURGENTES y, en BARCELONA, un manso de banderillas negras, el nieto de Balañá, se ha lucido según información de SALVADOR SOSTRES el domingo 05 en ABC. En MÉXICO la prohíben los dictadores, pero ya veremos, y en BARCELONA un cagón cobarde que tiembla ante la COLAU ( política dañina y prohibicionista).
Méjico vuelve a estar en jaque por el capricho de unos pocos. Como si de una moda se tratase, de un tiempo a esta parte, cuando se suponía que corrían nuevos aires de libertad, se multiplican las prohibiciones y disposiciones que, precisamente, limitan y no poco aquella tan cacareada permisividad.






