El tal Simón, don Bernardo Cazes, Simón Casas para el toreo, habla mucho, sin parar, apasionadamente, y es como el sifón enviando fuera más burbujas, que se disipan, que agua, que se desparrama, pero es divertido y original. Y reconocer su gran mérito empezando de la nada hasta llegar al imperio taurino que hoy tiene. Y además en tierra extranjera. Y añadiendo lo difícil que es colarse en el mundo del toreo. Y ya no digo conquistarlo.

Bueno, pues parece que la justicia en España, al menos, no va tan mal y, quizá con cierta lentitud -hay cosas, y entre otras la vía judicial, que deberían ser más inmediatas para que su efecto fuese más visible y efectivo- pero funciona. Y a la vista está, aunque parezca que mucho listo y espabilado pueda irse de rositas. No señor.

Algunos empresarios han manifestado su deseo de reducir festejos a lo largo de la temporada esgrimiendo que así se conseguiría que las corridas ganaran en expectación y fuesen consideradas un gran acontecimiento. Sin embargo cada corrida es un acontecimiento en sí. Lo importante es que los toros sean bravos, los toreros se comprometan y los empresarios hagan carteles del interés de los aficionados. Es posible que restar festejos pueda beneficiar a algunos empresarios, pero no a la tauromaquia. ¿Alguien puede imaginarse a la FIFA impidiendo que el Madrid-Barça se celebre más de una vez al año para que el partido gane interés?

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