Hay ciertos políticos que parecen más interesados en fomentar la enemistad entre el pueblo que en buscar soluciones de concordia, artistas de la crispación social empeñados en imponer su pensamiento sobre las libertades de quienes no opinan como ellos. El asunto (anti)taurino es para ellos una de sus grandes prioridades, y Algemesí, feria a la que atacan por todos los flancos, continúa estando en su punto de mira.

Una temporada más, la feria taurina de Albacete se revela como una de las más interesantes del año, convocando a una parroquia fiel y a miles de visitantes que tienen a este serial como uno de los clave de todos cuantos se dan cada año en la geografía taurina.

Más esperado este bombo de otoño que el de Navidad. Los aficionados están contentos de que haya alguna novedad en el toreo y que esto se mueva.  Sobre todo, cuando hay tan pocas.

Un año más, los festejos que se dan en Bilbao por su feria concitan el interés general, sobre todo del aficionado, en un mes en el que su feria sobresale del resto. Y lo hace por la seriedad con que se hace todo en torno a estas funciones y por la importancia que se da a uno de los elementos imprescindibles para que se puedan dar: el toro.

En una época en la que los incipientes torerillos tienen prisa por torear en el campo, las figuras del toreo más sublimes continúan empleando un alto porcentaje de su entrenamiento diario al toreo de salón. Eso es fundamental para aprender a torear bien. Diego Urdiales, que apenas se había vestido de luces en un par de ocasiones este año, toreó en la plaza de Bilbao como si lo estuviese haciendo de salón. Quizá en eso radique el secreto de su éxito, en no dejar de torear de salón.

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