Mientras esperamos el fin del Estado de Alarma, los días van pasando en contra de la bonanza económica general. El sector taurino será uno de los que peor parados salgan de esta crisis. Más allá de las pérdidas que suman los empresarios y cuadras de picar, y de la falta de ingresos de matadores y subalternos, hay que lamentar la ruina que sufren los ganaderos y la rabia e impotencia que produce ver cómo muchos toros son enviados directamente desde la libertad de las dehesas a fríos mataderos.
Encaramos ya el segundo ciclo de confinamiento obligatorio debido a la emergencia sanitaria, una situación atípica y extraordinaria, nueva para la inmensa mayoría de la población mundial, que aguarda, entre asustada y asombrada, a que todo esto se resuelva cuanto antes y se vuelva a la normalidad.
En momentos delicados siempre parece haber gente sin escrúpulos que carece de algunos sentimientos humanitarios elementales. Anteponen su objetivo político al dolor general y no sienten rubor en publicar proclamas partidistas sin tener en cuenta los daños anímicos colaterales que pueden provocar. Que les pregunten ahora a quienes dependen de un respirador cedido para seguir viviendo, si les importa quién lo ha facilitado.
Nadie lo esperaba. Al menos tal y como ha ocurrido y cómo se han desarrollado los hechos. Pero lo bien cierto es que la vida en España, en prácticamente todo el mundo, está en estado de alarma y con la mayoría de la población sin poder salir de casa.
Las consecuencias económicas del coronavirus la sufre de forma muy atroz el campo bravo. La viabilidad de las ganaderías depende de que se lidie un 10% de sus animales. Se estima que si la campaña no empieza en junio sobrarán un millar de ejemplares en las dehesas. Ante tal panorama corre serio riesgo la pervivencia de muchos hierros y también la de encastes menores.
Ya que de esta feria fallera de 2020 no se puede hacer un resumen, sirva para “matar la afición” rememorar qué pasó en el ciclo josefino de hace cuarenta años.Un ciclo en el que el anuncio de sus carteles, despertó más de una polémica. Unos carteles que fueron organizados por parte de los empresarios del coso valenciano, la sociedad integrada por los hermanos José y Manolo Flores Camará y el matador de toros retirado Pedro Martínez Pedrés y con Emilio Miranda en funciones de gerente Enrique Amat Y es que de hacían sentir las ausencias de toreros que habían triunfado en esta plaza el año anterior, casos de Emilio Muñoz, alternativado con éxito el 11 de marzo de 1979, o de Ángel Teruel, quien en ese mismo ciclo fallero de 1979 se había llevado un total de cinco orejas, y asimismo se echaba en falta a Luis Francisco Esplá. Los compusieron un abono no demasiado extenso, compuesto por cuatro corridas de toros, un festejo de rejones y una novillada picada, y en el cual la figura de Manuel Benítez El Cordobés se ofreció como el principal atractivo, al ser contratado para dos tardes. La excelente entrada que había registrado la plaza en su actuación del mes de septiembre del año anterior fue determinante para tratar de aprovechar de nuevo el tirón taquillero del coletudo de Palma del Río, quien había hecho una multitudinaria reaparición en los ruedos el mes de julio en la plaza de Benidorm. El abono de …






