Oigo a algunos políticos hablar de forma insustancial de la abolición de la tauromaquia y a favor de unos cursis y postizos derechos de los animales y recuerdo a una señora paseando a su perro en el carrito de un bebé y a una niña que soñaba con ser la mami de un cachorro de sexo chico. A este paso acabaremos vistiendo a nuestras mascotas de traje y dándoles 20 euros para que vayan a comer al restaurante que elijan.
Tras la reciente resolución de nuestro nunca bien ponderado Tribunal Constitucional, ya saben, sobre la falta de legalidad para prohibir las corridas de toros en Cataluña, nuestras certezas y convicciones se resienten.
Hay jóvenes hípermodernos que, tecleando sus móviles a velocidad vertiginosa, cuentan las corridas de toros a través de WhatsApp. Otros devoran pipas con un entusiasmo febril al tiempo que el torero realiza su faena. ¿Cómo se puede sentir la emoción del toreo así? No me imagino a nadie escribiendo mensajes de teléfono ni comiendo pipas mientras Curro dibujaba una media en La Maestranza.
Por más que nos empeñemos en convencernos de lo contrario, sobre todo a nosotros mismos, está claro que hay algo que no funciona como toca en este país antes llamado España y al que ahora muchos de los que aspiran a gobernar en él tienen reparos serios en decir su nombre. Y no es ya por que llevemos casi un año sin gobierno porque quienes se supone que deben regir esta nave medio a al deriva no se ponen de acuerdo. Y no es por cuestión de ideología o programa, sino por ansia de poder, revanchismo, soberbia o jactancia personal.
Quisiera equivocarme y constatar que los políticos dictadores que un día prohibieron y cercenaron libertades aún sin ajustarse a la legalidad, ahora se atienen a derecho y aceptan el dictamen del Tribunal Constitucional que no les da la razón. Quisiera comprobar que el regreso de los toros a Cataluña, además de algo lícito, no es una quimera.
Esperando a Simón Ricardo Díaz-Manresa 24- octubre- 2016 Esperando a Simón a ver qué hace en Las Ventas. Ya tiene la llave de Madrid y de medio toreo. Esperado con ilusión y a la vez con escepticismo. Inquietos y a la vez esperanzados para conocer qué quiso decir con “el antes y el después” de Madrid. Simón, en medio. “ El antes y el después” según Simón. Esperando el “después” de Simón. Muchas esperas






