Tras VALDEMORILLO, coge el gran testigo OLIVENZA, y toma protagonismo la tele pública y abierta de EXTREMADURA, pero no nos descubre nada. Una novillada, sin pitones y muy dócil, de TALAVANTE, no merece de los comentaristas ni una alusión a las cabezas de estos animalitos y sí a la terna que, según ellos, está fenomenal en lo que parece un festival de luces. En fin, el problema de los comentaristas parece no tener remedio, menos si son de cadenas privadas. Tampoco de las otras. En fin, la España de hoy.

La emoción del toreo depende en gran medida de su intensidad. Sin embargo, muchas corridas actuales parecen haber perdido ese pulso vibrante que convierte cada instante en decisivo. Faenas excesivamente largas y numerosos tiempos muertos entre toro y toro diluyen el impacto del espectáculo y alargan innecesariamente festejos que, con un ritmo más ágil, ganarían en emoción, continuidad y rotundidad.

Que la vida no es fácil es algo que el común de los mortales sabe y conoce de primera mano y en sus carnes. Ya la Biblia sentenció en firme con lo de ganar el pan con el sudor de la frente y doblar el lomo. Pero quien se dedica a torear de manera profesional sabe que las dificultades para hacer camino y lograr destacar son infinitamente mayores que las enfrentadas por otra persona.

Pues va a acabar “Tardes de soledad” como acaban casi todas las cosas en España, discutidas y acaloradamente, incluídas las películas, lo que en esta ocasión no puede venir más a cuento. De la genialidad y la exaltación al rechazo.

Bajo el argumento de proteger la imagen de determinados colectivos, el Gobierno de España ha prohibido los espectáculos cómico-taurinos imponiendo una visión moral única que deja sin voz a los propios artistas. ¿Pero quién decide qué es digno y qué no lo es en el ámbito cultural? ¿Dónde están los límites entre respeto, libertad y censura?

La locura en Zaragoza no cesa. Parece que todos están empeñados, principalmente los responsables de la plaza, políticos sin cabeza, en que no haya Feria de San Jorge, en abril, si pensamos que ya estamos en marzo y lo que queda para que haya empresa, si hay. El último absurdo lo protagoniza Alberto García, aspirante a ser empresario, por lo que parece que aceptó el pliego, pero ahora lo denuncia, por lo que parece que no lo acepta. Áteme esa mosca por el rabo señor García.

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