Se asesora sobre medioambiente sin saber distinguir un toro de una vaca, una dehesa de bravo de un campo de algarrobos. No se retransmiten corridas de toros en la televisión pública nacional. Los partidos antitaurinos pretenden acabar con los pocos programas testimoniales que aún quedan en las parrillas ninguneando la voluntad popular. No se respeta la Constitución ni los Estatutos. Y hay quien se atreve a agredir a unos chavales por el mero hecho de soñar con ser toreros. Algo malo pasa en nuestra sociedad que dice poco a favor del respeto, la educación, la tolerancia y la democracia.

Hace unos días se cumplieron 142 años del nacimiento de Blanquet, uno de los más grandes subalternos de la historia de la tauromaquia, buen momento para recordar la gran aportación hecha en este capítulo por la torería valenciana.

La estrategia de los abolicionistas es debilitar la tauromaquia desde la base. Saben que legalmente no pueden hacer desaparecer el toreo de un plumazo, así que nada mejor que romper el eslabón generacional para que en un futuro próximo no haya aficiones. Por eso, cada vez que consiguen prohibir los espectáculos cómico-taurinos, impedir el acceso a los menores, paralizar una feria o cerrar una plaza, aunque sea sólo durante unos años, están ganando batallas de suma importancia.

Comienza un nuevo año y con él se inicia una nueva temporada. Brotan nuevas ilusiones, renovadas esperanzas y la confianza de que todo sea un poco mejor que lo habido en ese año que todavía vemos alejarse para siempre. Sin embargo, ya aparecen negros nubarrones que enturbian este amanecer…

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