El anuncio de su adiós fue una de las grandes noticias del verano. Tras un cuarto de siglo como matador, Julián López “El Juli” creyó que su ciclo había concluido y, sin prórrogas ni moratorias, ponía fecha para cerrar una etapa que, con sus altos y bajos, ha sido, sin duda, brillante.
Cuánto se ha escrito sobre el Juli desde que anunció que se iba, finalizando esta etapa tan suya y tan larga de, al menos, 30 años, o más. Desde muy niño y muy precoz, e inteligente y adivinándose lo que iba ser. Mucho e importante.
Termina el carrusel Morante 2023 del sí-no-corto-sigo y termina El Jul ¿Termina?. Esta etapa sí. Ésta. La de llevar parte del peso del toreo, figurar en todas las ferias importantes y hacer frente a la responsabilidad como torero y a la presión como hombre. Y se ha ido entre el cariño del público.
La fuerza mental mueve montañas. Muchas veces consigue llevarnos más lejos de lo que nuestro cuerpo pretende llegar. Nos alivia dolores reales, nos anima, nos da fuerzas, nos envalentona. Hay situaciones en los que un suceso fortalece nuestra mente e ilumina lo que antes veíamos totalmente oscuro. A Morante le faltó un golpe de suerte para recargarse de moral y decidirse a terminar la temporada a pesar de su lesión física.
Con el adiós de El Juli se ha puesto la lupa sobre una generación de toreros que, habiendo tomado la alternativa en torno al cambio de siglo, siguen en activo y copando puestos en los principales carteles. Y sin que a muchos de ellos parezca que les avise el reloj biológico. Ahí siguen.
El mejor argumento contra los apocalípticos antitaurinos es llenar las plazas, porque, si el pueblo quiere toros, toros tendrá, a pesar de inquisidores, censores e impositores. Saber que el coso monumental de la capital de España se verá colmado durante la Feria de Otoño y comprobar que el palenque de Algemesí sigue llenándose a la cita de las novilladas, es la prueba del inequívoco interés que sigue despertando la tauromaquia.






