El boxeo, otrora espectáculo de masas, dejó de aparecer en la televisión y su presencia en la sociedad menguó hasta límites inesperados. La historia de su languidez recuerda a lo que, desde hace unos años, le está ocurriendo a la tauromaquia (sin que se acierte a poner remedio).
Salta la noticia –tan interesante- de un festival bomba en Madrid el 2 de mayo, día de la Comunidad, para reivindicar el toreo en y desde Las Ventas, pero siguen los grandes plazos para las grandes plazas con el suspense del 50%.
Que la pandemia va a suponer un antes y un después, está clarísimo. Ya nada volverá a ser como antes, por mucho que nos emperremos en que así sea. Y quien lo tenga claro llevará mucho terreno adelantado. Lo de renovarse es cada vez más urgente.
Gracias a la ANPTE (Asociación Nacional de Presidentes de Plazas de Toros de España) se cumplió la ley en la plaza de toros de Morón de la Frontera, Domingo de Ramos 2021, y hubo sorteo.
El público es la tercera pata de la tauromaquia. Sin espectadores el toreo no tendría sentido. Es la gente que ocupa los tendidos quien espolea y exige a los toreros. Con las restricciones impuestas por la declaración del Estado de Alarma, el aforo de las plazas se redujo y el ambiente quedó frío y desangelado. Ahora cabe esperar que la evolución de la pandemia permita la celebración de festejos con mayor ocupación y que los empresarios acierten con las combinaciones propuestas.
Parecía que amanecía escribí la semana pasada, pero no. Vienen más nubarrones. Las noticias de las autoridades en Sevilla no son buenas, a pesar de que están haciendo lo posible y más, anunciando que los de RAMÓN VALENCIA pagan los antígenos de todos los espectadores. Pero insisten los que mandan en el inviable metro y medio de distancia.






