Hace unos días se firmó el nuevo contrato entre el Ayuntamiento de Nimes, representado por su alcalde, Jean Paul Fournier, y Simón Casas, por el que la empresa del productor francés gestionará el coliseo de Nimes durante los próximos cinco años.

Que hay movida contra la fiesta de los toros es algo tan evidente como que somos muchos los que ya hace tiempo que nos quedamos sin abuela.

El Secretario Autonómico de Empleo de la Generalitat Valenciana desea prohibir los espectáculos cómico-taurinos escudándose en que los enanitos que participan en ellos son personas con discapacidad que se convierten en objeto de burla. Pero lo que en realidad pretende esconder es su ataque frontal a la tauromaquia, su pavor a que florezcan nuevos aficionados a los toros. Los espectadores se ríen con los enanitos, no de ellos, que se sienten artistas y toreros reconocidos desempeñando su labor de forma libre y digna.

La prensa americana, tan original y rápida, tan influyente y de tan largo alcance, denominó al 3 de febrero de 1959 como “El día que murió la música”, en alusión y tributo a Buddy Holly, el compositor y guitarrista cuyo avión se estrelló en Iowa aquel funesto día. Pese a la enorme trascendencia que tuvo el 16 de mayo de 1920, la frase de Rafael Guerra -”Se acabaron los toros”- no tuvo la repercusión de aquella. Pese la tremenda conmoción que produjo en su día la muerte de Gallito y el inmenso legado que dejó. Pero así está hecho este mundo cruel y en España, y menos en el mundo taurino, somos dados a valorar poco lo nuestro.

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