En 2024 volverá a los ruedos Enrique Ponce. Se rumorea que su intención es participar en una quincena de corridas, veinte a lo sumo, con actuaciones en las plazas de máxima categoría. Después de que hace dos años anunciase su marcha por sorpresa y a través de las redes sociales, el matador valenciano se despedirá como merece una figura de su talla.

Uno de los principales puntos tratados en el recientemente celebrado Congreso Nacional de Tauromaquia organizado por la UNPTE fue el indulto. El toro, qué duda cabe, es uno de los protagonistas imprescindibles del espectáculo, y de su comportamiento depende buena parte del desenlace del mismo.

Los piensos se encarecen a un ritmo vertiginoso. Suben los costes veterinarios, de transporte y de mantenimiento. En el campo bravo todo incrementa su precio menos lo que se cobra por un toro. Los empresarios aprietan en las negociaciones con los ganaderos para pagar lo mínimo posible, a veces tan poco que los números no salen. Y los criadores se ven obligados a reducir gastos, sobre todo en el apartado de nutrición para el remate final de los animales. El resultado es un trapío inferior.

La aparición de Vicente Ruiz “El Soro” significó la revitalización de la afición valenciana, mustia y desilusionada hasta que una noche de verano, a finales de los años setenta del pasado siglo, la figura regordeta de un chaval de la huerta hizo que Valencia tuviese un nuevo ídolo. Había nacido el “sorismo”, un movimiento que más de cuarenta años después sigue bien vivo.

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