No es fácil encontrar la fórmula exacta e instantánea que devuelva a la feria de Julio de Valencia parte de su esplendor pasado. Muy posiblemente no la exista, lo que no es óbice para que no se intente consolidar un mínimo número de festejos que mantengan viva la llama taurina por San Jaime.

Muchos están siendo los festejos organizados este año, en el que la temporada vuelve, aparentemente, a la normalidad. Aparentemente porque hay aspectos que siguen siendo anómalos y que, pese a la sensación de optimismo, esconden un trasfondo más tenebroso.

Pamplonazo es una fuerte metedura de pata. Pamplonada, un fallo menos grave. Pena por la tele pública que tanto difunde los toros –sólo los encierros- en sanfermines con programación espectacular para el mundo, lo que beneficia muchísimo, a pesar de sus carencias. Dicen que 100 profesionales hacen el trabajo. Bien o mal beneficioso para el convento : en todos los telediarios de todas las cadenas, o así, las carrera de los pamplonicas.

Los sanfermines son desenfreno desatado. Astados corriendo por las calles y en la plaza toros maridados con calimocho y con cánticos estrafalarios. Los 875 metros del encierro son el recorrido taurino más mediático del mundo. Hay casi 400 periodistas acreditados de más de 120 medios internacionales que lo retransmiten a los cinco continentes gracias a un dispositivo audiovisual extraordinario. Los datos de audiencia no tienen parangón. Pamplona casi cuadruplica su población durante los días de fiesta. La economía local revitaliza. Cuando llega San Fermín parece que no hay más noticias taurinas en el mundo; pero las hay.

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