Morante de la Puebla es un artista genial, único, posiblemente irrepetible. Esta temporada cumple 25 años de alternativa y para celebrarlo pretende llegar a las 100 corridas toreadas, lo que tiene mucho mérito pero no es lógico en un torero de su corte. Ha firmado faenas de una solidez apabullante, de un brillo asombroso y de una resolución sorprendente. Pero el arte sublime no aparece todos los días, y no sería descabellado que el diestro sevillano pensara en ir reduciendo sus actuaciones.
Máxima ebullición en la fiebre taurina septembrina en ferias, plazas y transmisiones de televisión.
Hace unos días, y coincidiendo casi con el primer aniversario de su muerte, se homenajeó en Albacete a Pedrés, el primer gran torero que tuvo esta tierra de toreros y el que marcó el camino a tantos como llegaron después.
Goza de una madurez y una maestría apabullante que, sin embargo, no impiden que siga exhibiendo una frescura asombrosa a pesar de llevar 33 años de alternativa. Cada actuación suya es un deleite, una lección en la que triunfa el toreo, en la que, además del éxito artístico, continúa dándole categoría al rejoneo y pretendiendo que la tarde sea triunfal para todos. Es Pablo Hermoso de Mendoza, un veterano eternamente joven.
Se amontona la actualidad y arde el toreo, para bien o para mal: sigue el PSOE cariñosísimo con los animales pero no con el pueblo al que empobrece, irrita, descompone y fastidia. Consiguió que al final el Toro de la Vega pasara a mejor vida (Y sin un lanzazo). Era un tema a debatir y seguramente a reformar y regular pero no a prohibir… mientras que los de Tordesillas (como todo el pueblo español ahora) a tragar y a quedarse con un encierro vulgar, que podía haber sido al menos diferente: ¿sólo de caballistas? El antitaurinismo avanza.
Aunque es agosto el mes que tradicionalmente acapara la fama como el de más abundante celebración de festejos, en realidad es septiembre el que más suma. Y de los tantísimos que se dan en él, dos ferias sobresalen: las de Albacete y Murcia.






