Cuando sólo hay dos figuras en la actualidad, ¿es más lógico que vaya más gente a los toros?... Cuando esas dos son las únicas que está demostrado que llevan gente a los toros…Cuando a Madrid sólo viene una de las dos figuras…Cuando sólo actúa dos tardes..Cuando los de detrás con interés no los contrataron 4 tardes para formar carteles más interesantes…Cuando las entradas sueltas valen casi el doble de las abonadas cuando hasta hace poco no era así…
Tras VALDEMORILLO, coge el gran testigo OLIVENZA, y toma protagonismo la tele pública y abierta de EXTREMADURA, pero no nos descubre nada. Una novillada, sin pitones y muy dócil, de TALAVANTE, no merece de los comentaristas ni una alusión a las cabezas de estos animalitos y sí a la terna que, según ellos, está fenomenal en lo que parece un festival de luces. En fin, el problema de los comentaristas parece no tener remedio, menos si son de cadenas privadas. Tampoco de las otras. En fin, la España de hoy.
La emoción del toreo depende en gran medida de su intensidad. Sin embargo, muchas corridas actuales parecen haber perdido ese pulso vibrante que convierte cada instante en decisivo. Faenas excesivamente largas y numerosos tiempos muertos entre toro y toro diluyen el impacto del espectáculo y alargan innecesariamente festejos que, con un ritmo más ágil, ganarían en emoción, continuidad y rotundidad.
Que la vida no es fácil es algo que el común de los mortales sabe y conoce de primera mano y en sus carnes. Ya la Biblia sentenció en firme con lo de ganar el pan con el sudor de la frente y doblar el lomo. Pero quien se dedica a torear de manera profesional sabe que las dificultades para hacer camino y lograr destacar son infinitamente mayores que las enfrentadas por otra persona.
Pues va a acabar “Tardes de soledad” como acaban casi todas las cosas en España, discutidas y acaloradamente, incluídas las películas, lo que en esta ocasión no puede venir más a cuento. De la genialidad y la exaltación al rechazo.
Bajo el argumento de proteger la imagen de determinados colectivos, el Gobierno de España ha prohibido los espectáculos cómico-taurinos imponiendo una visión moral única que deja sin voz a los propios artistas. ¿Pero quién decide qué es digno y qué no lo es en el ámbito cultural? ¿Dónde están los límites entre respeto, libertad y censura?






