Dicen que los toros no tienen color político, pero la verdad es que hay quien se empeña en dejar bien claro que el antitaurinismo sí que lo tiene. Gran parte de la voluntad abolicionista más parece un intento por contentar a una parte del electorado muy vociferante y de colocar a miembros del partido que un movimiento con una base sólida que haya analizado el desastre medioambiental, ecológico, zootécnico, económico, histórico, artístico, festivo y personal que ello comportaría.
Nos tenemos que animar. Ahí estuvo Córdoba. La primera y la única de las plazas de primera. Ahí estuvo Toledo en sus dos versiones de la capital y Consuegra. Y ahí Fuengirola. Ahí está la catarata de novilladas sin y con picadores que no cesa, con las Escuelas, Centros oficiales, Federación y televisiones privadas y públicas. Qué ejemplo más bueno.
Como quien no se consuela es por que no quiere, en este tan desastroso año, en esta tan nefasta temporada, también hay una parte positiva, algo de lo que poder alegrarse y mantener una razonable dosis de esperanza y optimismo ante lo por venir. Que no parece tampoco de color de rosa…
Corría la mitad de los años 80 del pasado siglo, cuando la plaza de toros de Valencia recuperaba, en cierta manera, el tradicional festejo en torno al 12 de octubre y que tanta fama tuvo en su momento.
Estamos en época del coronaví, estamos en la Guía de la Reconstrucción, en los muchos certámenes de Escuelas Taurinas y similares abriendo paso a los novilleros principiantes que tienen condiciones, en los esfuerzos de empresarios organizando espectáculos desde hace meses, preferentemente en plazas de 3ª y con casi todo en contra, para demostrar que el mundo del toro está vivo, con la impagable ayuda de las televisiones, especialmente Canal Sur, Movistar Toros y Castilla-La Mancha.
La Fundación Toro de Lidia ha tomado las riendas de un sector totalmente desestructurado que hacía oídos sordos a los datos que señalaban la caída en picado el número de corridas, novilladas, encastes, retransmisiones, espectadores… De momento nadie ha propuesto planes alternativos, así que toca dar un voto de confianza a las iniciativas de la Fundación y arrimar el hombro, sin dejar de exigir total transparencia.






