Hace décadas, prácticamente todos los pueblos de España celebraban algún tipo de espectáculo taurino. En las fiestas patronales cada plaza Mayor se convertía en un singular coso donde, según el presupuesto municipal, se anunciaban matadores, novilleros o simplemente los vecinos más valientes del lugar para torear unos becerros. Eso pertenece al pasado, y el futuro no pinta nada halagüeño.
Los toros están en todas partes. Y de su lenguaje y contenido no se escapa nadie. Esta semana ha circulado un whatsapp que decía nada menos sobre un problema político nacional : “Los indultos sólo se conceden a los mejores toros y no a los peores cabestros”. Hay para todo y para todos.
Pese a que, parece, el panorama se va aclarando y ya se ve, parece, una luz al final del túnel, el mundo del toro sigue atribulado, compungido y con no pocos frentes abiertos.
Bombazo de Feria. Valentía a raudales. Carteles redondos casi todos los días. Más toro que nunca. Matillón de los hijos del recordado Teodoro. Y matillazo por gatillazo en la taquilla.
A lo largo de la historia, mayo ha sido un mes especialmente sangriento. Es eso se ha parecido el de este año al de temporadas anteriores. En esta ocasión se ha vuelto a programar una feria después de 14 meses de sequía a causa del coronavirus. Los carteles y el resultado artístico también se han parecido a los de campañas precedentes. Pero el experimento ha resultado ruinoso. O se aprende o no harán falta más pandemias.
Fin del MATILLON de Vista Alegre, al que hay que valorar mucho y bien, que coincide con los 50 números del semanario AVANCE TAURINO DIGITAL y de LA DANZA.





