Más ataques, más tropelías, más abusos, más prevaricación. La penúltima ofensiva antitaurina tuvo lugar en Venezuela hace sólo unos días, cuando a un grupo de jóvenes se les impidió torear unas becerras de forma arbitraria. Da igual que la tauromaquia sea legal, a algunos sólo les importa cercenar derechos, imponer sus gustos y despreciar los del resto. Pero las injusticias también se producen en el seno del taurinismo. No es buena cosa.

La Fundación del Toro de Lidia y la Comunidad Autónoma de Madrid, con la colaboración y participación en el proyecto de otras entidades -Plaza 1, Palacio Vistalegre...- han puesto en marcha otra nueva versión del concurso para principiantes La Oportunidad. Bienvenida sea.

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Cuántos absurdos, tantos, qué cantidad, casi todos o todos. La esencia de los mano a mano se ha perdido. Se celebraban para resolver algo entre dos toreros o porque eran rivales o porque la ciudad o la feria tenía que elegir entre ellos, o para decir quién era el mejor de los dos etc…Y eran corridas a cara de perro, muchos quites y mucho querer superar al otro.

Se asesora sobre medioambiente sin saber distinguir un toro de una vaca, una dehesa de bravo de un campo de algarrobos. No se retransmiten corridas de toros en la televisión pública nacional. Los partidos antitaurinos pretenden acabar con los pocos programas testimoniales que aún quedan en las parrillas ninguneando la voluntad popular. No se respeta la Constitución ni los Estatutos. Y hay quien se atreve a agredir a unos chavales por el mero hecho de soñar con ser toreros. Algo malo pasa en nuestra sociedad que dice poco a favor del respeto, la educación, la tolerancia y la democracia.

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