Ha sido la gran noticia de lo que va de verano. Sobre todo porque nadie lo esperaba. Pero El Juli, con el sentido común que siempre le ha caracterizado y a través de un comunicado claro, conciso y bien redactado, anunció que a final de temporada dejará de torear de manera indefinida.

La falta del mínimo trapío, del mínimo remate, de la mínima cara y de la mínima integridad en muchos de los toros que últimamente están lidiándose, va en detrimento de la tauromaquia, que sólo tiene sentido si es verdad, seriedad y respeto. Por desgracia muchos de esos animales se pueden ver a través de la pantalla en corridas televisadas, y la imagen que con ello da el toreo es deplorable. Que en la actualidad haya menos astados en el campo nunca puede valer de excusa para justificar la minimización del rey toro.

Siempre se ha tenido a la tauromaquia, y a todo lo que la rodea, como algo eminentemente cultural. Sin embargo, para algunos, el tema es cuestionable por razones ideológicas y también parece que, para otros, hay dudas en razón de quién esgrima esos argumentos en favor de la cosa taurina.

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