Se han cumplido, y conmemorado, estos días distintas efemérides y aniversarios. Hace cien años, por ejemplo, tomaron la alternativa Manuel Jiménez “Chicuelo” y Juan Luis de la Rosa. Los dos se convirtieron en matadores el mismo día, el 28 de septiembre, y en la misma ciudad, Sevilla. Pero en distintas plazas. Aquel en La Maestranza, de manos de Juan Belmonte, este en la Monumental, teniendo como padrino a Gallito, promotor y artífice de lo que quiso que fuese un recinto extraordinario y con mucha mayor capacidad que el coso del Baratillo y que a su muerte, intereses y envidias, la llevaron al olvido y la desaparición.
A veces pienso que deberían suprimirse los trofeos finales de las ferias taurinas porque muchas veces son injustos y sólo valen para ganar disgustos, enfados y enemistades. No hay mejor recompensa que los aplausos y las orejas que otorga el público, y, por supuesto, que se vuelva a contratar a quienes se lo han ganado en el ruedo.
Todo pasa y nada queda, que decía Antonio Machado, aunque muchos siglos antes ya el gran Heráclito descubrió que nunca te bañarás en el mismo río, queriendo decir que las circunstancias varían y nunca hay situaciones inalterables.
Resulta urgente que los profesionales del toreo se mentalicen de que los gastos de producción de las novilladas han de abaratarse de forma notoria y urgente. Se ha de conseguir que las Administraciones minimicen las cargas impositivas sobre un escalafón discriminado y maltratado respecto al deporte base o a las escuelas de interpretación artística. Y quizá los propios profesionales deberían dar ejemplo reduciendo sus salarios o el número de subalternos necesarios para que la función se pueda llevar a cabo en plazas de menor categoría.
Nada que ver con el despotismo ilustrado y todo con la filosofía y carácter de una ciudad que debe ser ejemplo para muchos: Algemesí.
Pertenecer a una escuela taurina no garantiza que el alumno acabe siendo torero, lo que sí que certifica, más allá de las indicaciones técnicas, es que reciba una formación basada en valores eternos como el respeto, el trabajo, el esfuerzo, el sacrificio, la responsabilidad, los buenos modales… vamos, lo que siempre ha sido una excelente educación.






