Esperando desde la pasada feria de Albacete. O sea, desde septiembre. Y no me lo puedo creer. No he escuchado todas las radios, ni leído todos los diarios y semanarios (de papel y digitales) ni visto todas las televisiones, aunque sí sigo todos –bueno, los que puedo- medios informativos, los menos, y desinformativos, los más. Y escaso eco desde entonces sobre lo que ocurrió el pasado 12 de septiembre en Albacete, en su feria de la Virgen de los Llanos.

Ricardo Díaz-Manresa
He esperado todo este tiempo -seis meses- para ver qué resonancia había tenido lo de Albacete, qué importancia se le supone al tema de los tres avisos en este mundo al que le han dado la vuelta en todo como a un calcetín.
12 de septiembre. Jueves. Plaza de toros de Albacete. Novillada de Juan Manuel Criado, que sirve. Un novillero mexicano, Diego San Román, en los carteles, y con una carrera prometedora por sus actuaciones en algunas plazas importantes, corta una oreja al tercero de la tarde. Y torea bien al quinto en una faena larga, moda maldita de la actual tauromaquia. Se enreda al matar y caen los tres avisos. Sale un empleado de la plaza, el puntillero, y acaba con el novillo. Y ha pasado su tiempo desde que acabó la faena el mexicano. Hasta ahora lo normal que ha ocurrido y ocurrirá muchas veces. El torero se esconde en el callejón a rumiar su gran fracaso. Y a escuchar la bronca correspondiente.
Y llega lo insólito. Lo oigo y no me lo puedo creer. El público de Albacete -¡de Albacete!- empieza a aplaudir. Supongo que serán los buenistas antitaurinos porque el toro no ha muerto a manos del torero. Pero no: es una ovación que va tomando cuerpo. Me quedo de piedra. El mayor fracaso de siempre en el toreo es escuchar los tres avisos y el toro al corral. Pero no ahora, porque los sentimentales y blanditos espectadores consuelan al fracasado. La ovación toma cuerpo.
Y esto no es lo peor viendo la reacción de un público que yo tenía entre los mejores de España. Lo terrible es que el torero coge capote y montera ¡¡¡¡¡¡¡¡y sale a saludar!!!!!!! En el acto de mayor desvergüenza torera que he visto en mi larga vida de aficionado. La peor y más vergonzosa. ¿No había nadie de la cuadrilla o de su entorno para impedir tamaño desatino?
Aunque es otra cosa, nadie se imagina aplaudiendo al público en cualquier deporte tras una pifia tremenda de un jugador, que ha costado un título a su club o simplemente una infame derrota.
Esta es ahora la afición de Albacete, que me enseñó desde niño a ser aficionado, quizá en alguna ocasión demasiado exigente. Lo que va de ayer a hoy…
Recuerdo a la autoridad suspendiendo una corrida de Feria porque Antonio Ordóñez quería que hicieran el paseíllo dos picadores sancionados.
O el día que se llenó todo el ruedo de almohadillas toreando Antonio Borrero “Chamaco”.
O cuando echó de los ruedos a Manuel Benítez “El Cordobés” el día de feria de la cornada y muerte del espontáneo. Un público muy agrio y enloquecido echando la culpa a un Cordobés totalmente inocente.
De ayer a hoy. Comportamiento bipolar. Y, entre tanto, muchos años de juzgar a los toreros con cierta dureza, casi siempre, justa, con sapiencia y mucha afición.
Afición que nos dio las grandes tarde populares –tremendas- con sus paisanos Pedrés, Juan Montero y Chicuelo II y que llegó al éxtasis con las inolvidables apoteosis damasistas con el recordado Dámaso González.
Y ahora esto.
Pero más grave que lo hayan hecho es que ha pasado desapercibido. Y, al menos yo, no me resisto a recordarlo. Me parece importante.
Hagamos ahora de abogados del diablo –ahora que tantos hijos tiene en España- para fijarse en las faenas largas cuando el torero después de lucirse tras diez minutos o más se lía con espada y descabello. No es lo de antes que, cuanto salía un toro malo, y salían bastantes, empezaban muy pronto a dar pinchazos y ya el primer aviso era un castigo, mucho más el segundo y no digamos el tercero.
A los pocos días, Fernando Robleño oía en Las Ventas los tres y era “comprendido” por un sector pequeño de las Ventas y por un saludo rapidito de Robleño porque el toro era malo, él se la había jugado y el tercero cayó cuando se desplomaba el toro. Pero, en fin, injusto o no, no es de recibo hasta el punto que un programa con punto “olvidó” decirlo.
Albacete y Madrid, Dios Santo.
¿Estos son dos modelos antesalas para suprimir la muerte del toro? Desaparecida casi la suerte de varas, podrían estar de más estoque y verduguillo. Hasta Castella dijo en Quito que la muerte no era importante…y desapareció la feria incruenta. No era importante, ¿verdad Sebastián?. El público dijo que nones y se quedaron sin toros.
¿Es importante el fracaso de los tres avisos? ¿Interesa a alguien ahora lo de los recados uno tras otro? ¡Pues igual aumentan el tiempo de 15 a 20 minutos y nos echan de la plaza por aburrimiento! O déjenles el tiempo que cada uno pida… Creo que como siempre con 10 minutos sobra…
Bueno, Diego San Román está en Fallas. Que tenga suerte y lo disfruten y que sepa que, hasta ahora, la vergüenza torera, ha sido fundamental (dentro y fuera de los ruedos).









