Escribía hace una semana mi admirada Carmen Rigalt: “No conozco a casi ningún periodista que disfrute dedicándose al manoseado género de las necrológicas. Aunque, haberlos haylos… La muerte de los demás nos coge, normalmente, con la persiana bajada. Pero la propia, siempre nos pilla por sorpresa, y desprevenidos…”.
A colación del artículo, pensé en las necrológicas del periodismo en general, y del periodismo taurino en particular ( este último no siempre redactado por periodistas)…Ya se sabe, todo el mundo es bueno cuando desaparece, y recibe a título póstumo lisonjas, alabanzas y felicitaciones (que puede que no hubiera saboreado en vida).
Saliéndome un instante del tema central, tras la muerte de Iván Fandiño, pudimos ver en el sepelio a rostros compungidos, los mismos- o sus apoderados- que en vida le pusieron vetos para entrar en los carteles…. Algunos ni siquiera aparecieron. Era mejor así…Volviendo a nuestra profesión, hay quien tiene preparada una necrológica, cuando alguien está enfermo sin remedio, paran o tener que improvisar el escrito. Hay muchos ejemplos de ello, entre los profesionales veteranos… Recuerdo que en mis inicios profesionales, un periodista ya fallecido, al que le “atraía el morbo”, me pidió “echarle una mano”, cuando Dalí estaba en coma – allá por 1989- para que “le ayudara a recabar datos”. No acepté, por motivos éticos, entre otros… Era el mismo que escribió libros póstumos, pero aderezados con literatura, cuando murió Paquirri, Lola Flores, etc…
En el plano taurino, resulta difícil encontrar a profesionales cualificados que, cuando fallece alguien de relevancia, conozcan al dedillo al personaje, recaben datos, escaban en el archivo… Me acuerdo uno encomiable de José María Baviano sobre Juan Pedro Domecq en EL PAÍS, o los obituarios, cuya sección tan bien cuida El Mundo. También están los que, faltos de noticias y actualidad, “se entretienen”, cuando fallce algún ganadero poco conocido, un diestro que difícilmente conocerán los lectores del rotativo, porque no tiene información taurina, echan mano a la que salta, de la “necrológica de marras”. Y si es un compañero de la crítica o del periodismo local, todo son elogios y loas, cuando antes podían ser críticas y reproches. Lo hace en uno de los dos periódicos más importantes- en difusión- de Cataluña…Y por si acaso, me curaré en salud, y “cuando la palme” (dice mi amigo Fernando Sánchez Dragó: “piensa en tu propia muerte, pregúntate sobre ella. Y, sin embargo, no tengas prisa en morirte”…
Decía que, procuraré de antemano y “ante notario”, librarme de esa pluma póstuma o necrológica, prohibiendo elogios falsos y epítetos hipócritas. El obituario, cuando sea menester, lo escribirá alguien que goze de mi amistad, conozca mi trayectoria, y sobre todo la persona…
José R. Palomar









