Madrid no puede renunciar a ser Madrid. Artículo de Carlos Bueno

La reciente feria de San Isidro ha reavivado el debate sobre el nivel de exigencia de Las Ventas. En un momento en el que algunas decisiones presidenciales y determinados triunfos han generado controversia, conviene recordar que la grandeza de Madrid reside precisamente en su rigor, una seña de identidad imprescindible para preservar el valor y la credibilidad de los éxitos que allí se alcanzan.

 

 

La grandeza de una plaza de toros viene determinada por la personalidad que proyecta y por la credibilidad que otorga a cuanto sucede sobre su arena. En ese sentido, Las Ventas ha sido históricamente el gran baluarte de la seriedad, la exigencia y el rigor del toreo. Y, precisamente por ello, los triunfos en ella han tenido un valor especial que trasciende la estadística y se convierte en un aval profesional de primer orden.

 

La tauromaquia necesita cosos con diferentes sensibilidades e idiosincrasias que la enriquezcan. Sería tan perjudicial una uniformidad basada en la permisividad como una exigencia extrema y permanente en todos los ruedos. Debe haber lugares donde el público acuda dispuesto a disfrutar sin someter cada pase a un examen exhaustivo. Pero también resulta imprescindible que exista un contrapeso, un escenario donde el listón permanezca más alto que en el resto. Y ese papel siempre lo desempeñó Madrid.

 

Por eso resulta inevitable observar con preocupación el rumbo que ha parecido tomar la plaza durante la reciente feria de San Isidro. Las nueve Puertas Grandes registradas constituyen, en principio, una magnífica noticia para la Fiesta. Pero el problema surge cuando algunas de esas salidas a hombros generan más debate que unanimidad.

 

La sensación compartida por numerosos aficionados es que varias de las faenas premiadas no alcanzaron la rotundidad que habitualmente se exigía en Las Ventas para obtener semejante reconocimiento. Tampoco algunas estocadas reunieron las condiciones que de forma tradicional se consideraban indispensables para culminar una obra merecedora de la máxima recompensa. Y, sobre todo, varias de esas actuaciones no dejaron la huella imborrable ni el impacto emocional que siempre acompañaban a los éxitos venteños.

 

A ello se suman algunas decisiones presidenciales difíciles de comprender, como la devolución de un toro por manso, una medida que difícilmente encuentra amparo en el reglamento y que alimenta la sensación de una preocupante relajación de los criterios.

 

¿Dónde se encuentra el origen de esta deriva? ¿En una interpretación cada vez más flexible por parte de algunos presidentes o en la evolución de un público renovado menos familiarizado con los códigos de la plaza?

 

La Monumental madrileña evoluciona con su tiempo y no necesita ser un bastión imposible ni convertirse en un reducto para minorías. Pero existe una línea que no debería cruzarse. El coso puede adaptarse a nuevas sensibilidades sin renunciar a la esencia que lo convirtió en referencia mundial. Porque Madrid sigue siendo el único recinto capaz de poner en circulación a un matador. El único escenario donde un triunfo puede cambiar una temporada, abrir contratos y transformar una carrera. Ese prestigio no se ha construido a base de facilidades, sino de exigencia.

 

La función de Las Ventas dentro del ecosistema taurino sigue siendo imprescindible. Su seriedad no es un problema que haya que corregir, sino una virtud que conviene preservar. De ella depende, en gran medida, que un éxito siga teniendo el significado que siempre tuvo en la primera plaza del mundo.

Nació en Algemesí (Valencia) en 1968.

Director y presentador de programa taurino “El Corro” de Berca TV, Televisión de Algemesí, desde 1996.

Director y presentador del programa taurino “Patio de Cuadrillas” desde su creación en 2002, pasando por LP Radio, Punto Radio, Gestiona Radio e Intereconomía Radio.

Articulista de la revista “Avance Taurino” desde 1998.

Redactor del semanario taurino “Aplausos” desde junio de 2004 hasta agosto de 2005 y director del periódico “La Veu d’Algemesí”.

Ha escrito los libros «Luis Francisco Esplá, toreador», «Plaza de toros de Algemesí» y «Sueños de gloria».