Valencia, 18 de marzo. Novena de feria.
Cuatro toros de Juan Pedro Domecq, el primero lidiado como sobrero, uno, segundo, también sobrero, de Vegahemosa, y otro, sexto, de Parladé, desiguales de presencia y juego, siendo el mejor el tercero.
Enrique Ponce (de negro y oro), ovación y palmas.
Cayetano (de prusia y oro), silencio con aviso y oreja.
Ginés Marín (de canela y oro), oreja con aviso y oreja.
De las cuadrillas destacaron Iván García y Carretero.
Lleno.
Paco Delgado.
Las cosas, evidentemente, son como acaban y nunca como comienzan. Y poca gente hubiese dado nada por el resultado final de la novena entrega del abono fallero a la vista de cómo se desarrollaba la función en sus dos primeros actos.
El toro que abría plaza fue ya muy protestado por su extrema debilidad y fue devuelto tras ser cumplido el primer tercio y comprobarse que no se tenía en pie. En su lugar salió un sobrero, también de Juan Pedro Domecq, una mole de casi setecientos kilos que se sostenía sobre sus patas a duras penas. Enrique Ponce le ayudó muchísmo desde el primer momento, dejándole respirar, dándole aire y llevándole con mucha suavidad y temple, sin forzar ni atosigar nunca. Pero el toro, cansino y casi impotente, era incapaz de seguir sus telas, dándose Ponce cuenta enseguida que allí no había nada que rascar.
Tampoco el segundo tuvo fuerza para agunatar la lidia y tras pasar por el caballo y ante su evidente invalidez fue devuelto, siendo sustituido por un sobrero de Vegahermosa que dobló pronto las manos y no se empleó, poniéndose enseguida a la defensiva y no dejando a Cayetano -que se había ido a porta gayola a recibir al titular de este turno- más opción que poner pronto el punto final.
Pero como siempre que llueve escampa, por fin el tercero tuvo otro son y ya Ginés Marín logró la primera ovación fuerte de la tarde al lancear de capa y en las labores de llevarle al caballo y quitar. Con la muleta anduvo muy decidido y con mucha soltura, encauzando ya su triunfo con una actuación sólida y creativa en la que dejó los mejores naturales de la tarde. Con el sexto, de Parladé, que acusó el castigo en varas y se quedó corto enseguida, tiró de valor y ganas para sacar todo de un animal que tuvo poco y redondear su paso por las fallas con una salida a hombros.
Antes Cayetano había arrancado una oreja del quinto, al que administró con prudencia e inteligencia su ración de puya, lo que permitió al toro irse arriba y a más y al torero firmar una faena un tanto intermitente pero decidida y entonada en la que hubo muletazos largos y con gusto.
Y antes aún, Ponce vio con desesperación cómo tampoco su segundo toro , otro ejemplar gordo y tambaleante, pudo aguantar la más mínima exigencia, haciendo inútil su esfuerzo por lucir en Valencia.
Y en una feria dedicada a la memoria de Manolo Montolíu no se puede acabar sin hacer mención de la excelente labor llevada a cabo por subalternos como Ángel Otero, Javier Ambel, Curro Javier, Raúl Martí, César Fernández, El Sirio, Luis Blázquez, El Puchano o Iván García, por no hacer larga esta lista que honró a diario a quien fue uno de los mejores banderilleros de nuestro tiempo.









