Algemesí, 1 de octubre. Novena y última de feria. Lleno.
Dos novillos de Domingo Hernández, primero y quinto, dos de Garcigrande, segundo y cuarto, y uno, tercero, de Los Bayones, para rejones. De buen juego en conjunto.
Diego Carretero (de amapola y oro), oreja y oreja.
Marcos (de grana y oro), oreja y oreja.
Pérez Langa, dos orejas y rabo.
De las cuadrillas destacó Fernando Sánchez.
Ante la farsa separatista, que ya cansa y hastía, Algemesí respondió viviendo intesamente su fiesta, la de los toros, que a lo largo de estos nueve días, ha tenido a esta ciudad valenciana viviendo única y exclusivamente por este espectáculo que, pese a quien pese, está en nuestras raíces y es una manifestación de nuestra cultura. Cientos de banderas españolas poblaban los tendidos de esta tan especial plaza y hasta Marcos y su cuadrilla hicieron el paseíllo envueltos en la enseña nacional.
Y para que la fiesta fuese completa, se cerró la feria con una novillada triunfal y brillante que tuvo como base un encierro de Domingo Hernández y Garcigrande de nota alta.
Diego Carretero, triunfador de esta feria el pasado año, encarriló su paso por esta presente edición con una oreja de su primero, un novillo cómodo, blando y noble con el que firmó una faena limpia y templada, asentada y con ligazón y dejando ver su alto grado de madurez. Redondeó su actuación con otra faena importante al cuarto, un novillo que se quedó corto enseguida y reponía, al que supo buscarle las vueltas para sacarle una faena muy bien resuelta a base de valor, técnica y cabeza, sin cansarse pese a lo desagradable que fue su oponente.
Marcos tuvo que perseguir en el primer tercio al segundo de la tarde, suelto y manso aunque en la muleta fue repetidor y codicioso, no resultando fácil para el novillero gestionar sus embestidas en una faena de muchas revoluciones y que sólo eco en el tendido con los adornos y arrimón final.
Se lució al recibir de capa al que cerraba plaza y feria, otro novillo bravo y humillado que no se cansó de embestir durante la primera mitad de su lidia, toreándole muy despegado y hacia afuera. Luego el animal se rajó y ya únicamente cupo darle fiesta a la gente, que le procuró la oreja que le daba pasaporte para la puerta grande por una media estocada que fue suficiente..
El rejoneador Mario Pérez Langa, que tiene multitud de seguidores y amigos en Algemesí, cumplió una actuación entusiasta y voluntarioso en la que galopó y clavó a toda velocidad, siendo lo mejor de la misma el rejonazo con que tiró patas arriba y sin puntilla a un toro al que había agotado previamente, sin tregua ni reposo, siendo recompensado con exageración y sin que el rabo que se le concedió tenga nada que ver con el logrado el día anterior por Ana Rita ni las orejas que paseó se puedan asimilar a las conseguidas el viernes por Juan Manuel Munera.









