El Principio de Hanlon

No se puede decir que el comienzo del verano no esté siendo movidito -en realidad los temblores, con cada vez más probabilidad de que deriven en terremoto, se notan desde hace mucho tiempo…-. Y si en el ruedo hay abundantes notas de interés y brillo, fuera hay gente que quiere hacerse notar.


Paco Delgado

Más vale no decir nada y parecer tonto que abrir la boca y confirmarlo. Es un dicho que desde hace siglos se ha comprobado como cierto. Pero no lo es menos que hay gente que no teme a ser señalada e insiste en demostrar sus pocas luces. Y, peor, evidenciar su mala idea y aviesas intenciones, lo que les hace ser un peligro para los demás. Y si, encima, esos personajes tienen cargo público, el desastre está asegurado.
Lo llevamos comprobando en nuestras pobres, y ya muy maceradas, carnes desde hace puede que demasiados años a cuenta de una clase política que ha invertido los papeles y nos tiene como rehenes y esclavos a su servicio. Nada de lo que proyecten, decidan, hagan o perpetren tiene al bien común como fin. No. Sólo les importa lo suyo y aunque hablen de progreso, conquistas sociales y tal y tal, lo bien cierto es que no hay nada más alejado de la realidad. Se aferran al cargo, a la poltrona y al sueldo con un único propósito: medrar. Bien con fines materiales, lúdicos o pavoneo, poniendo a su servicio toda la maquinaria del estado, por las buenas o por las malas, tachando de nazi o extraterrestre invasor a quien ose poner trabas a sus propósitos o afee su conducta.
Además de todo lo que está saliendo de la cúpula del partido en el gobierno, que no es moco de pavo y debería provocar ya un cambio radical en nuestra manera de asumir y plantear la administración pública, dos alcaldes sacan la patita y se retratan sin pudor.
Joseba Asirón, el ínclito preboste de Bildu que rige el Ayuntamiento de Pamplona, cuestionaba, unos días antes de que comenzase la fiesta española puede que más popular en el mundo, la presencia de corridas de toros durante San Fermín. Para Asirón, que trató de poner en marcha una especie de referéndum para decidir la presencia de corridas en estos días grande de la capital navarra, los encierros son “una seña propia de identidad” de Pamplona, pero “de cara al futuro nadie se imagina un ocio basado en el sufrimiento animal y la sociedad lo tiene cada día más claro”, dejando claro que más pronto que tarde, y con él al frente de la ciudad, los festejos taurinos se limitarán a las carreras matinales. De nuevo el mundo al revés, puesto que estos son consecuencia de las funciones que tratan de eliminar. Sin corrida no habrá encierro, y así lo ha dejado claro el presidente de la RUCTL, Antonio Bañuelos. Ningún ganadero va a llevar su toros para que tras el encierro vayan al matadero. Pero, ojo, que ya nos vamos curando de espanto y cada día nos levantamos con una nueva sorpresa y un escándalo que supera al del día anterior…
Por otra parte, el no menos inefable (aunque no tengo claro que este sea adjetivo adecuado, suficiente o que le cuadre…) Alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, quiere que no haya corridas de toros en la plaza de Oviedo tras su rehabilitación, sin tener en cuenta ni importarle que la plaza de toros de Buenavista está declarada Bien de Interés Cultural (BIC), lo que obliga a que cualquier rehabilitación respete su uso original, recomendando como solución para los aficionados taurinos que se coloque en el coso una pantalla gigante, una mesa y unos porrones… Partido Popular, con distintas varas de medir según qué terreno pise, PSOE e Izquierda Unida, mirando hacia otro lado mientras silban Asturias patria querida, votaron a favor de la iniciativa de Canteli y sólo VOX ha sido el único ente político que dejó clara su intención de preservar la tradición taurina en la ciudad asturiana.
Si a la estulticia se suma la maldad, el daño es seguro. El llamado Principio de Hanlon lo deja bien claro: “Nunca atribuyas a la maldad lo que se explica adecuadamente por la estupidez”. Y tiene un corolario: “En grado suficiente, la estupidez (o incompetencia) es indistinguible de la malicia”.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977.

Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.

Es autor de alrededor de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…