De infarto fue la noticia que el pasado jueves, 22 de junio, despertó a los aficionados: Las Ventas suspendía la temporada. Un bombazo. La falta de un informe municipal que avale la celebración de los espectáculos con seguridad, hecho que está dificultando sobremanera por parte del Ayuntamiento de Madrid la concesión de los permisos para cualquier evento extrataurino, abocaba al cierre de la Monumental madrileña, según recogían los principales medios nacionales. Un mazazo que hasta provocó que más de uno mirase al calendario para ver si estábamos a 28 de diciembre.
No sería hasta unas horas más tarde cuando Ángel Garrido, Presidente del Consejo de Administración de Las Ventas, desmintiese la noticia. A través de su cuenta en Twitter aclaraba que no habría tal suspensión de la temporada taurina en esta plaza, anunciando que las obras necesarias ‘se acomodarán al calendario taurino’ y que todas las partes, tanto Ayuntamiento, como Comunidad y empresa habían decidido ponerse manos a la obra para subsanar los daños y llevar a cabo las reformas necesarias que permitan el uso de la Monumental como plaza multiusos, sin interferir con los festejos taurinos. Por tanto la Feria de Otoño y todos los festejos previstos se celebrarán tal como se refleja en el pliego de condiciones.
Otra cosa es que el Ayuntamiento autorice la celebración de festejos no taurinos, ya que, otro lío, aquí la Comunidad de Madrid no tiene competencia, fuente de ingresos cuya ausencia sería muy gravosa para la empresa arrendataria y que estaría en su derecho de pedir daños y perjuicios por su no explotación, puesto que en el pliego de condiciones figuraba tal posibilidad y nadie advirtió de la eventualidad de su prohibición, lo que conllevaría un considerable perjuicio económico.
Y sin que haya comunicado oficial por parte de nadie, lo que sí queda claro es que la señora Carmena ha dado un primer aviso. No le gustan los toros y, por tanto, con un peculiar sentido de la democracia, no quiere que se celebren corridas de toros y va a hacer todo lo que esté en sus manos, que puede ser mucho, para que Madrid se quede sin toros. Por sus santas narices. Esta noticia bien podría haber sido un globo sonda para detectar cómo respira la parte contraria y ver por dónde van los tiros.
Cierto es que el coso venteño, con más de setenta años encima, necesita urgentemente una rehabilitación puede que de arriba abajo, pero también es verdad que se puede hacer por fases, en tramos y siempre aprovechando períodos de inactividad taurina. Ya se hizo así, por ejemplo, en Valencia, sin ir más lejos. El peligro está, como en tantas otras cosas, en que la política imponga su ley del más fuerte y no quiero ni pensar que la izquierda radical se haga con el control de la Comunidad de Madrid, porque entonces sí que estaríamos ante un muy muy serio problema.









