Alicante, plaza de contrastes

La de Alicante es una plaza de contrastes. Juega su papel de plaza “mediterránea”, junto a Murcia y Almería, posiblemente las más festeras de esta línea. Antaño se sumaba Málaga, donde se concedía todo lo concedible y cada tarde de toros era un verdadero derroche de despojos. Ahora ya no. Málaga cambió su sino. Pero no tanto Alicante, por ejemplo. Aunque esos contrastes se viven de vez en cuando, sobre todo cuando das con algún aficionado (entendido) que sabe y siente lo que ve. Más aficionados (entendidos) de lo que parece tiene esta plaza, pero la marabunta festera elimina cualquier rescoldo de aficionado competente. Contrastes.
Alicante vivió sus mayores momentos de esplendor taurino allá por la segunda década de los 50. El Tino y Pacorro, San Blas y Santa Cruz, dos barrios enfrentados por la rivalidad taurina de dos toreros que, sin embargo, tampoco eran dos casos de contrastes de estilo. Ambos fueron clásicos, a la manera de entender el clasicismo con la personalidad de cada uno. Pero los dos desataron una guerra, incruenta, con sus partidarios. Nunca nadie me supo decir quien tenía más seguidores. Creo que por un estilo, aunque hay quien asegura que era El Tino quien se llevaba la palma…aunque con escasa diferencia. Ninguno de los dos pasó la frontera de torero regional. Al tiempo, El Tino incluso pasó a las filas de los banderilleros. Y reapareció un día como matador, para darle la alternativa a su hijo Arturo. Arturo Blau Espadas, aquel espigado novillero, de personalidad amanoletada, de principios de los 80, que logró éxitos muy estimables en Valencia y Madrid, incluso, pero que de matador también se diluyó.

Tras Tino y Pacorro llegó El Caracol, Vicente Fernández. Precisamente El Caracol,  antes de ser El Caracol de los carteles, cuando era capa, se tiró de espontáneo la tarde de la alternativa de El Tino. El Caracol, que de novillero triunfó y rescató el ambiente taurino en Alicante. Famosos fueron los “jueves de El Caracol”, por las novilladas extraordinarias que se organizaban por el ambiente creado. Fue torero de ferias, sus dos primeros años de alternativa sobre todo. Y luego…pues eso…también se hizo banderillero.

Y después llegó Manzanares. Y también Esplá. Luis Francisco, claro. Pero esto es historia más reciente que, seguro, conocéis bien.

PD: No se me olvida El Inclusero, por supuesto. Pero que no tuvo el ambiente del que gozaron los citados. Buen torero Gregorio Tébar. También.

Nació en Valencia en 1950.
De 1993, sigue en la actualidad en formato digital. Diario “El País”.

De 2002, sigue en la actualidad. Corresponsal taurino en la Comunitat Valenciana.

Ha escrito los libros “Memoria de Luces”, trilogía, historia de la plaza de toros de Valencia (1857 a 2000). “Antología poética de Rafael Duyos”, semblanza biográfica, (Diputación de Valencia, 2009); Colección “Mestres/Maestros” (Diputación de Valencias), seis volúmenes sobre las figuras del toreo valenciano, junto a Pepe Luis Benlloch. “El espacio y sus personajes” (Diputación de Valencia, 1997), multidisciplinar; “150 años de la plaza de toros de Valencia” (Diputación de Valencia, 2009), multidisciplinar; “Manuel Granero, una leyenda” (Diputación de Valencia, catálogo 2022, con motivo de la exposición del mismo título de la que fue comisario. “Historia de la Feria taurina de Fallas” (Diputación de Valencia / Avance Taurino, catálogo, 2014), exposición comisariada junto a Paco Delgado; “25 años de Avance Taurino” (Avance de Publicidad). “La huella escrita”, 40 años de periodismo taurino (Avance de Publicidad).

Artículos y colaboraciones en distintas publicaciones de ámbito público y privado, libros de fiestas (Libro Oficial de la Semana Santa Marinera de Valencia), etc.

Charlas, coloquios, conferencias, mesas redondas, en distintos puntos de la geografía española.

Presentador de eventos: conciertos de música y otros. Autor de diversos prólogos de libros de temática variada.

Miembro asociado de la Unió de Periodistes Valencians, con el número 123.