El Foro Taurino del Casino de Agricultura de Valencia fue marco el lunes 16 de febrero, de la presentación del libro Carta a Rafael El Gallo, de Manuel Hernández. En el acto tomaron parte:
– Manuel Hernández, autor del libro.
– Javier García Gibert, escritor, quien hizo una semblanza del autor y analizó ran parte del sugestivo contenido de la obra.
– Manuel Carrión, matador de toros, abogado y cónsul de Filipinas en la Comunidad Valenciana, quien analizó la concepción de la tauromaquia de Rafael El Gallo, y su relación con el toreo moderno.
– Enrique Amat, Director del Foro Taurino del Casino de Agricultura de Valencia, quien presentó el acto.
En un volumen de 200 páginas, a través de una carta que dirige al célebre espada, Manuel repasa la tauromaquia de El Pelat, tal y como se le conocía en Valencia, tierra de adopción del autor. En sus páginas, el lector puede descubrir muchos matices de la figura de este inigualable coletudo.
En palabras del propio Hernandez, Rafael el Gallo es uno de los toreros más enigmáticos de la historia de la tauromaquia. Un genio que tuvo muchísimos partidarios y también muchos detractores. Capaz de estar sublime una tarde y cosechar sonoras broncas muchas otras. Quizá el último torero antiguo, precursor de la revolución liderada por su hermano José y su amigo Juan. Hernández, vuelve en este libro a la figura irrepetible que en la historia del toreo fue este Rafael El Gallo, un espada dotado de una singularidad personalidad que el autor refleja de una forma más que sugestiva.
Del llamado Divino Calvo se puede decir que es un personaje seductor, consentido, encantador, inexplicable. Eterno niño, al que también se le pueden aplicar adjetivos como ocurrente, polícromo, sabio, sereno, indescifrable, mitológico, lunático, clásico y barroco, amable, lunático. Indiferente, desconcertante, absurdo, infantil, bondadoso, humilde, clásico, sencillo, elegante, sin término medio, indolente y desigual, despilfarrador de dinero y arte. Ensimismado, inexpresable, entre lo sublime a lo ridículo. Abúlico, entre la cumbre y el subsuelo. Con inventiva, pinturero y festivo. Alma de niño, hombre de bien en palabras de Gerardo Diego. El torero, más gitano y el más gitano de los toreros. Derrochador de arte y fortuna.
Y se habla también de Valencia como la Sevilla del Mediterráneo, donde El Pelat toreó un total de 90 tardes. Del flamenco, a través de su madre Gabriela Ortega y la saga de los Ortega, con Enrique Ortega El Gordo a la cabeza.
Asimismo, en su emotiva y apasionante presentación, Manuel hizo una disgresión entre humillación y bravura, así como una comparativa entre Rafael y Cúchares. Se habló también de la elegancia de Gaona, del coraje de Belmonte, de la sabiduría de Joselito. De las espantás, de su nula labor como director de lidia. Todo eso, en base, no a la tradición oral, si no a lo que viene reflejado en las crónicas de las actuaciones, con una amplia referencia a su trayectoria por ruedos americanos.
En el acto, que llenó totalmente el salón de actos del casino, estuvieron presentes ilustres aficionados como María Teresa Monzó, Enrique Pérez, Jorge Guzmán y Vicente Ramos el que fuera novillero de Chelva Vicente García con su madre Joaquina. No faltaron los fotógrafos Rafael y Pedro Mateo así como Paco Haro y el torilero de la plaza de Valencia y pintor Javier López del Castillo acompañado de su padre y su hijo.Y tampoco faltaron José Luis Benlloch, Pedro Toledano, Chipi Altarriba, el matador de toros Copetillo, Ángel Berlanga, Pepa Rodríguez, el escritor Marcos Garcia, Toni Gazquez, el doctor Daniel López Quiles, el matador de toros Víctor Manuel Blázquez y Joseca Arnau entre otros.
Fotos: Mateo












