Vicente Sobrino
Todavía me quedan Sylvie y Françoise, pero se marchó sin avisar France. La “muñeca de cera”, que compitió con “la más bella del baile” y dejó que “todos los chicos y chicas” de aquella época encontraran su primer amor. Sus primeros besos. Casi siempre furtivos, en las luces de neón de aquellas discotecas del domingo con la pista en overbooking en cuanto sonaba una “lenta”. Se fue France (Gall) poco después de decir adiós otro mito francés, Johnny Hallyday. Otro icono de la música francesa de los 60. La época de los yeyés. De las patillas largas; de los pantalones de campana. La de los primeros y más auténticos hippies, aquellos de la isla de Wight, abanderados por Dylan. Los años 60; la década prodigiosa del toreo, con nombres míticos que forman parte de la vida de uno. Banda sonora e imágenes imborrables.
Un año, 2017, que se fue marcharon a la eternidad Sebastián, Dámaso, Manolo (Cortés), Gregorio (Sánchez)…que tantas veces admiré en los ruedos. Que tantas veces idolatré sus figuras en ternos de oro o plata. Aquél paso de la infancia a la adolescencia y, luego, a la juventud. Se combinaban las hazañas en el ruedo, con las notas de las inolvidables voces de Sylvie, Françoise y France. Había tiempo para todo. Y, siempre, tiempo para soñar. Para recrear el espíritu. Para sentir los primeros zarpazos de algunos sentimientos vetados por decreto, y descubrir que la vida, además de aquellas odiosas Física y Química y Matemáticas, brindaba otros espacios y reconcomios por descubrir.
France, Johnny, Sebastián, Dámaso, Manolo (Cortés), Gregorio (Sánchez)…la infancia, la adolescencia, la juventud…vuelve a casa solo en estos casos. Mientras, le pongo banda sonora a estos afectos platónicos con las voces inmortales de Sylvie, Françoise y France.









