Oí decir ayer a una persona cercana que las Fallas se están “sanferminizando”. Lo diría, supongo, por la cantidad de gente que cada vez acude más: las calles llenas o, más bien, asaltadas por cantidades de humanos (y humanas). Una locura, en verdad. Este año las Fallas han caido en el calendario como gusta a los falleros (no sé si a todos, pero a una parte importante, sí). Es decir: San José el tercer lunes de marzo. Así pues, fin de semana festivo para los días nobles falleros. Imagino que visto lo visto este año, la polémica sobre el cambio de fecha se recrudecerá. Los unos y los otros volverán a enzarzarse en lo que conviene o no, según gustos (o intereses) personales. No quiero entrar ni salir en la polémica, porque no soy fallero alistado oficialmente (aunque me gustan las Fallas) y me parece que quienes tendrían que decidir son ellos, los falleros. Otra cosa es que tenga mi opinión al respecto (que la tengo), pero quienes deben decidir su futuro son quienes trabajan, sufren y gozan de manera “oficial” las fiestas falleras.
Lo de “sanferminizar” las Fallas viene, supongo, además de por la masa de gente (y “gentola”), porque cada vez se bebe más por las calles. Los “botellones falleros” crecen, se desarrollan y se multiplican cada año. Y lo malo es que también se extiende a ámbitos que no debieran. Ayer, por ejemplo, un par de “animales” con aspecto humano se coló en el bus de la línea 92, borrachos, soeces y escupiendo sin cesar. La escena, además de reprochable, era repugnante. El bus repleto de gente, muchos niños, alguna persona mayor, y aquellos dos energúmenos haciendo de las suyas y amenazando al personal. Hubo de interrumpir su servicio el conductor, llamar a un inspector y tratar de solucionar el problema.
Bueno, no dramaticemos, que las Fallas son alegría, buñuelos (si son de calabaza, mejor) y chocolate a la taza. Buñuelos digo. Nada de “porras” o “churros”: buñuelos, señores, buñuelos…
Soy un privilegiado estas Fallas. Si el primer día, o el segundo…, tuve la suerte de que me tocara un buñuelo en el reparto que, todos o casi todos los días, se hace en el palco de prensa, ayer me tocó en suerte un trozo de “coca de panses i anaus”. Vaya exquisitez. Casi la mejor manera de olvidar la apatía de Talavante (vino, salió a la plaza, cobró y se marcho sin dar un palo al agua); o casi, también, la mejor manera de celebrar el éxito incontestable de Ponce. El autor de tan gentil regalo es Alfonso Alandi. Que se repita…lo de la “coca”, claro.
Salut!!!
(En la foto, restos de la “coca” y su autor)









