La temporada de 1979 en Valencia se abrió con un cambio en la dirección de la plaza de toros. El día 3 de Enero se hizo público que los nuevos empresarios del coso valenciano serían los integrantes de la sociedad formada por los hermanos José y Manolo Flores Camará y el matador de toros retirado Pedro Martínez Pedrés. Estos se comprometieron a pagar un canon de 45 millones y medio de pesetas por temporada para la explotación de la plaza, y nombraron como gerente a Emilio Miranda. Para lo que iba a constituir la feria de su presentación en Valencia, presentaron un abono compuesto por seis corridas de toros, un festejo de rejones y dos novilladas picadas. Unos carteles a priori sobrados de alicientes, si bien algunos aficionados manifestaron sus quejas debido al sensible aumento que experimentaron el precio de las localidades.   Alternativas La primera corrida de aquellas fiestas josefinas, que tuvieron como Fallera Mayor de la ciudad a Maria Luz Fos Blanco, se celebró el domingo día 11 de Marzo, con la alternativa del sevillano Emilio Muñoz. Este espada se había hecho un excelente cartel en esta plaza en su singladura como novillero, y el anuncio de su doctorado despertó una gran expectación. Vestido de blanco y oro, el jovencísimo toricantano, quien tenía dieciséis años el día de la ceremonia, cumplió con dignidad con su compromiso, aunque no pudo llegar a tocar pelo a pesar de su excelente disposición, dando la vuelta al ruedo tras despachar a Limpiador, …

  El escritor Eugenio Noel, quien combatió con empeño el flamenco y los toros, a pesar de ello no dejaba de ser un aficionado a la fiesta de los toros, espectáculo que estudió con interés y al que acudía con frecuencia.   Enrique Amat Noel es elseudónimo de Eugenio Muñoz Díaz, quien nació en Madrid el 6 de septiembre de 1885. De humildísima extracción social, era hijo de una sirvienta y de un lazarillo de ciego. Tras cursar sus primeros estudios, ingresó como seminarista en los cartujos de Tardajos, en Burgos. Noel descubrió pronto su falta de vocación religiosa y regresó a Madrid, pero prosiguió sus estudios en el Seminario Conciliar de San Dámaso y posteriormente en Malinas (Bélgica), con el cardenal Mercier. De nuevo en Madrid, asistió durante muy poco tiempo a clases de Derecho en la Universidad.  Comenzó entonces a vivir la bohemia literaria madrileña. Era un habitual de la tertulia del Café Nuevo de Levante que presidía el gran Ramón María del Valle Inclán y en esta etapa publicó “Alma de santa”, su primera novela corta, y colaboró en “El Imparcial”, gracias a la ayuda de José Ortega y Gasset. A principios del siglo XX, su espíritu regeneracionista le impulsó hacia el antitaurinismo, dentro de la corriente cívica de opinión que venía a combatir un fenómeno más ampliamente denominado flamenquismo. Azote implacable del hecho taurino, lideró esta corriente. Su utilización negativa de los arquetipos taurinos que narra en obras de ficción como Las capeas, La novela del …

La novela La hija del caníbal, de la periodista Rosa Montero, contiene varios pasajes taurinos en los que retrata, con crudo verismo, dramáticas experiencias vividas por esos pueblos por los toreros modestos durante los años treinta del siglo pasado.   Enrique Amat Algo de ello debió contarle a Montero su padre, quien fue el destacado novillero Pascual Montero El Señorito, quien pasó a convertirse, más tarde, en eficaz banderillero quien actuó a las órdenes de  toreros de la talla de Carlos Arruza, Aguado de Castro y Mario Cabré. Como novillero, Pascual Montero se presentó en Madrid el 6 de agosto de 1939. Aquel día se lidiaron novillos de Manuel Arranz y Nogales Megías para rejones y alternó con Raimundo Serrano, Morenito de Talavera y el rejoneador Paquito Mascarenhas, quien llevó como sobresaliente a Ángel Monasterio. Repitió el 26 de octubre de 1941 para lidiar reses de Manuel Arranz junto a Mariano Rodríguez y Luis Mata Y el 13 de septiembre de 1942 lidió utreros de Gabriel González junto a Julián Marín, Angelete y el rejoneador Paquito Nascarenhas, con Manuel Fernández Jerezano como sobresaliente. En esta novela, Lucía Romero es una escritora quien viaja a Viena con su esposo, Ramón. Este desaparece en los urinarios del aeropuerto momentos antes de la salida. Aunque denuncia esta desaparición a la policía, Lucía acaba por embarcarse en el avión para vivir una sucesión de imprevistos y sucesos propios de novela negra que se ven aderezados por la brusca irrupción en su vida, de dos personajes. Un hombre …

El libro Las plazas de toros de Guadalajara y su provincia, obra Ana Isabel Pimentel Galve, y editado por Hebras de Tinta, recoge una completísima ihistoria de las plazas de toros de Guadalajara y su provincia.   Enrique Amat Se trata de un trabajo tan completo  como concienzudo, en el que el lector puede recorrer una importante parte de la historia de la provincia de Guadalajara desde el punto de vista de la tradición y la cultura de una fiesta como la taurina que, en esta tierra castellano-manchega, goza de un especial arraigo. Prueba de ello son las numerosas plazas de toros que se levantan en todos y cada uno de sus pueblos de la provincia, ya sea de forma fija o portátil. A lo largo de las 404 páginas que tiene el libro, la autora hace un recorrido por todas y cada una de ellas, y refleja su historia, sus características y su anecdotario. Cosos como el de la capital y otros de localidades como Alcocer, Almonacid de Zorita, Atienza, Brihuega, Illana, Mantiel, Maranchón, Pastrana, entre otros muchos. Cada uno de ellos con su peculiar idiosincrasia, con su importancia y sus distintos enfoques arquitectónicos. Durante los más de veinte años invertidos en la elaboración de este volumen, Ana Isabel Pimentel Galve ha recopilado también información e imágenes de todas ellas. Un patrimonio de una gran riqueza que no se puede ni debe perder. 

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