Con los festejos que dieron forma a la Feria de la Comunidad Valenciana, celebrada hace unos días, se cerró la temporada en Valencia, dejando un buen sabor de boca en los aficionados, no sólo por lo visto en el ruedo, que de todo hubo, sino por la asistencia de público y las entradas que registró el coso de Monleón en esos tres días de toros vividos en torno al 9 de Octubre.
Una campaña que arrancó en el mes de marzo con el serial fallero y que hasta ese 11 de octubre ha tenido un total de 17 funciones mayores, repartidas en 11 corridas de toros, otra de rejones y 5 novilladas picadas; más del doble que en el año anterior, si bien hay que aclarar que entonces no hubo feria en julio ni en octubre y que en fallas se suspendieron algunos espectáculos por mal tiempo. Es decir, la misma cantidad que diez años antes, con Simón Casas al frente de la plaza, pero muy por debajo de lo habido en la década anterior, en 2006, con Serolo a los mandos y 28 festejos, habiendo bajado por entonces de los 32 celebrados en 1996, con Javier Chopera como empresario.
Una curva descendente notoria y pronunciada que deja ver bien a las claras la deriva que lleva esta plaza, la tercera de España, no se olvide, y hasta no hace tanto tenida como plaza de temporada, pues en ella había toros de marzo hasta octubre y algunas veces hasta en noviembre, mes en el que años hubo que acogió festivales como los montados a beneficio del desaparecido Montepío o algunas otras causas solidarias.
Había toros en fallas, el día de San Vicente, para el Día de la Virgen, en junio certámenes de novilleros, una destacada feria en julio, corridas algunos jueves en agosto, más novilladas en septiembre y, desde 1988, la feria de octubre, aunque antes ya se aprovechaba este mes y su Día de la Hispanidad para montar festejos de relumbrón en los que muchas veces había alternativas de los más destacados novilleros del momento y que salían ya en el ejercicio siguiente como matadores.
Pero los tiempos cambian, las modas mudan y el negocio taurino, cada vez en mayor medida en manos especuladoras y que buscan principalmente el beneficio inmediato y con el menor esfuerzo posible, tiende al reduccionismo.
Siempre hubo carteles con mayor o menor atractivo y la gente acudía en consecuencia, sin que por ello se cuestionase la necesidad de suprimir festejos ni, menos, ferias. Y eso se ha demostrado este año, cuando la plaza se ha llenado al reclamo de un programa sugestivo y con alicientes y ha mostrado cemento cuando lo ofertado no tenía tanto interés. Pero desde hace un tiempo, ese rastreo anterior por décadas es significativo, la clase taurina quiere prescindir de julio y ya no sabe qué excusa poner para borrar esta feria que molesta en tiempos de acumulación de plazas en muy pocas manos y menos ganas de doblar el lomo. El calor, dicen, el verano, apoyan, las vacaciones, los apartamentos y otros etcéteras se esgrimen como argumentos irrefutables para eliminar un serial que fue santo y seña. Como si el calor fuese un fenómeno nuevo y exclusivo de Valencia. Acuérdense de, hace unos pocos años, en Alicante, cuando José Tomás se anunció allí en pleno agosto y se agotó el papel en cuestión de minutos y la mitad de los espectadores estaban a pleno sol y a casi 40 grados… O, sigo en Alicante, en Hogueras, a principios de verano y con la solanera a tope y asándose cuando atraía el cartel… o las muchas ferias de verano ¿también hay que suprimirlas por esos mismos motivos que se aducen en la ciudad del Turia? Por no hablar de algo que parece tabú: cubrir la plaza y dotarla de comodidades que en el siglo XXI parecen inexcusables. Monumento histórico, claro, pero lo seguiría siendo igual techado y con aire acondicionado.
En fin, que lo bien cierto es que el 9 de octubre hubo reventón porque Morante y Roca Rey llevan gente y a su rebufo hubo buenas entradas en las otras dos funciones. ¿Tres meses antes ese mismo cartel hubiese tenido idéntica repercusión? Seguro. Pero es más cómodo, y no se corren riesgos, si no se monta y se pide eliminar una feria de verano por el calor. Perico Fernández, el campeón maño, regaló su título mundial por que “hacía mucha calor”. Pues nada, hagamos como el pobre Perico. Y no hace falta que les cuente cómo acabó…





