Esta temporada tan atípica, y extraña, ha echado a caminar y ya son unas cuantas las corridas que se han celebrado. Con una excelente afluencia de público. Algo que los detractores y asimilados han aprovechado para cargar contra el espectáculo taurino como foco de contagios. El problema en realidad no está en si hubo más o menos observancia de las medidas de seguridad o si se respetó el aforo. Pero el verdadero problema es la propia corrida en sí. Molesta a muchos que se celebren espectáculos taurinos y que tengan tanta aceptación.






