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Fórmula taurina tradicional que reflejaba cómo había resultado la actuación de un diestro en función de la respuesta controvertida del público, que pitaba u ovacionaba según había visto y entendido la lidia. Hoy se ha perdido, casi, y la gente ha uniformado de manera alarmante su criterio.

Siempre escribo estos días de San Fermín como incondicional del santo y de su fiesta. Y por ser uno del pequeñísimo grupo que ha visto todos los encierros, todos, entre estar en Pamplona y en la tele durante, más de medio siglo. Todos los días. Todos. Así durante más de 50 años. Se dice pronto.

La gente ataurina cada vez sabe menos sobre tauromaquia. A los aficionados les puede sorprender el nivel de ignorancia de algunas personas, pero lo cierto es que la desaparición de las retransmisiones taurinas de la televisión en abierto ha provocado que muchos españoles desconozcan lo más elemental relativo al toreo. Mostrar los toros es la gran asignatura pendiente del sector.

El mes de julio ya se come los días y SUMAR sigue, de cara al 23, afirmando que prohibirá los toros…si puede, que no podrá. El caso de YOLANDA, peor nivel ético y mental imposible, y no digamos su falta de lenguaje y sentido común, pero ahí la tiene el pueblo español arriba del todo. Veremos qué hace el PP si gana. El único que defiende los toros a capa y espada, nunca mejor dicho, es VOX.

Ha levantado no poco revuelo el anuncio del nombramiento de Vicente Barrera como vicepresidente de la Comunidad Valenciana y conseller de cultura. La izquierda radical ha puesto el grito en el cielo y clama contra lo que consideran una intrusión y un expolio, pues consideran propio e intransferible todo lo que tenga que ver con el asunto cultural.

Bajo la banal e insostenible excusa de que el público se ríe de los participantes en espectáculos cómico-taurinos, generalmente personas con enanismo y acondroplasia, ciertos políticos se han apropiado de la defensa de la dignidad de los toreros cómicos, una bandera que nadie les ha pedido que enarbolen y que no les corresponde. Quienes presencian estos festejos se ríen con los protagonistas, no de ellos. Del igual modo que se ríen con Charlot, Cantinflas, Chiquito de la Calzada, José Mota o Leo Harlem. ¿Acaso a ellos también se les debería haber impedido actuar?

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