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Víctor Barrio fue siempre un torero comprometido con la Tauromaquia e involucrado en su defensa y promoción, sobre todo entre los más jóvenes. De sobra son conocidos sus actividades con niños, a los que enseñaba a torear y les acercaba el mundo de los toros. También estuvo al frente de muchas actividades solidarias, mostrando en todo momento su lado más humano.

Más allá de la herejía Paco Villaverde Hace muchos años, recuerdo que fue en la celebración del ciento cincuenta aniversario de la plaza de Bocairente, La Serreta creo que se llama la preciosa plaza que usurpa la mitad de su espacio a la montaña, se confeccionó un cartel en el que estaba incluido José Maria Manzanares, el padre, porque después de lo de Madrid de este año el hijo ha adquirido derecho propio a portar el nombre ya legendario. Aquel día Manzanares realizó una faena increíble, por bella, pero sobre todo porque no se esperaba que a un coso de tercera categoría, por muy cuco y con solera que sea, pudieran acudir las musas al sentimiento de un torero extraordinario, pero ciertamente irregular. Sinceramente, aquel día entendí, sobre todo una cosa, que el toreo, compuesto de una materia indefinida e intangible, puede suceder en cualquier sitio, que no hay que tener prejuicios para disfrutar y sobre todo que los contextos se llenan de coherencia por sí solos sin necesidad de pertenecer a nada y sin que tengan la necesidad de volver a suceder. Aquel día titule la crónica El Templo no hace a la iglesia.

¡Vivan los toros! La verdad es que el día de hoy lo quería dedicar a descansar, después de unas jornadas intensas de trabajo, de esas que te reconcilian contigo mismo y tu capacidad personal y profesional, de las que te hacen sentir el zarpazo de la responsabilidad por coherencia entre lo que sientes, piensas y predicas. Por un sentido de la ética que está instalado en el ADN de aquellas personas que entienden que para avanzar hay que enfrentarse a la vida, a los miedos y abandonar las zonas de confort para abrir caminos, sobre sendas peligrosas, que diría Loud Red, para que otros avancen sin tener que desbrozar el camino. Como decía, sólo deseaba descansar y salí de buena mañana a caminar por los caminos de la huerta y los naranjos, que aún sin estar en flor despiden un leve aroma a azahar de vida. De una vida que empieza a no ser rentable y comienza a desaparecer paulatinamente ante otras plantaciones mas lucrativas; cosas de la vida y de la adaptación a los tiempos que no saben de poesía ni de románticas metáforas entorno a los olores sutiles, planos o profundos. Descanso obligado y reflexivo que me impone la paz que busca el espíritu alterado por la turbulencia inquieta de la creatividad buscada para alterar las cosas que pretendo sean de otra manera, para crecer, para hacer algo que no me lleve directamente a lo anteriormente explorado y anquilosado. Descansando de ideas estaba hasta que me crucé con …

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