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  Fado entre encinas es la última obra del crítico taurino y escritor salmantino Paco Cañamero. En forma de novela y a lo largo de 215 páginas, se narra la tragedia ferroviaria sucedida en la estación del Villar de los Álamos (término municipal de Aldehuela de la Bóveda, en pleno Campo Charro).   Enrique Amat Se trata también una crónica social de aquel diciembre de 1965 a través de los diferentes parajes donde discurre la obra: París, Irún, Estoril, Salamanca, Aldehuela de la Bóveda, Ciudad Rodrigo, La Fuente de San Esteban, Fuentes de Oñoro, Vilar Formoso, Pinhel, Freixo da Espada Á Cinta, Guarda, Viseo, La Fregeneda, Vitigudino, localidades todas ellas vinculadas a través del accidente ferroviario que dejó una profunda huella en la provincia de Salamanca. En la mañana de aquel día colisionaron frontalmente el tren Sudexpreso, que hacía el recorrido París-Lisboa, con el 'Ligerillo', que procedente de Fuentes de Oñoro se dirigía a Medina del Campo (Valladolid). Sobre ese accidente, del que próximamente se cumplirán 55 años, el autor recuerda en sus páginas que dejó una profunda conmoción en la capital y provincia y numerosas muestras de solidaridad, como los voluntarios que acudieron a la zona para ayudar en las labores de evacuación de las víctimas, a quienes trasladaron en sus vehículos particulares a los centros hospitalarios de Salamanca. Entonces, la Cruz Vermelha Portuguesa fletó un tren especial para repatriar a los heridos y la reacción del pueblo salmantino fue, según el autor: "espectacular al llenar las calles por donde discurría …

La difícil situación sanitaria originada a principio de año ha propiciado continuas reuniones de forma telemática y presencial, entre los representantes de la Asociación de Ganaderos Bous al Carrer C.V, Federación Valenciana de Toro de Cuerda, Unio d'Emboladors de la C.V, Federación de Peñas Taurinas de Bous al Carrer de la C.V. y la nueva entidad en trámites de constitución denominada Unión de Fotógrafos Taurinos C.V. a fin d eponer en marcha el denominado Patronato del Bou.

El matador de toros de Linares Curro Diaz, a pesar del coronavirus, está protagonizando una temporada más que interesante. Manzanares, Villanueva del Arzobispo, Nimes, Cabra, Granada han sido las etapas de una campaña que terminará en la feria de San Lucas de Jaén.   Enrique Amat Por eso Curro está satisfecho aficionados, a pesar de lo complicado del año. “Está siendo una temporada bonita en un año tan difícil  complicado. Se ha hecho un esfuerzo  desde muchos sectores para que el toro esté en la plaza y pueda llegar, a través de la televisión, a todos los hogares.” Un año como usted dice complicado, pero a lo largo de sus 23 años de carrera, ha pasado y vivido casi todo. “Por supuesto. Han habido momentos buenos, regulares y malos. Y precisamente lo que más me ha hecho crecer como torero y como persona han sido los momentos complicados, que es precisamente cuando las personas tenemos que sacar lo mejor  de nosotros.” Sobre todo, los toreros. A veces el aficionado se pregunta de dónde sacan ustedes esa fuerza interior, ese aliento espiritual que les permite superar cosas tremendas que a veces suceden en las plazas. “No lo sé. Lo cierto es que siempre hay que mirar para adelante. Hay que tratar de ver el vaso medio lleno, ser optimista y positivo. Fijarse en lo bueno y no dejarse llevar por el desánimo y el derrotismo, que quizá sea la postura más humana pero también la más fácil. Los cuerpos y las mentes no son los mismos, pero hay que sacar fuerzas de dentro. Como en esta situación que estamos viviendo, que es muy complicada. Toda la sociedad, y los toreros  también, …

Hoy se cumple un nuevo aniversario de la cogida mortal que sufrió Francisco Rivera Paquirri en la plaza de toros de Pozoblanco. Fue el 26 de septiembre de 1984.   Enrique Amat Aquel día, el cuarto de la tarde, de nombre Avispado y perteneciente a la ganadería de Sayalero y Bandrés, cogió al torero de Barbate toreando con el capote. De resultas de la cornada, el famoso coletudo falleció cuando era trasladado desde la enfermería de la plaza de toros a un hospital de Córdoba. Aquel día completaban el cartel en esta plaza de la serranía cordobesa José Cubero Yiyo y Vicente Ruiz El Soro. Francisco Rivera se encontraba ya en el epílogo de una carrera que había sido brillante. Torero poderoso, de excepcionales facultades, con gran sentido del deber, con un extraordinario respeto a su profesión. Variado capoteador, vistoso en banderillas, excelente dominador de los astados con la muleta y con un gran estilo estoqueador, se mantuvo en cabeza del escalafón durante muchas temporadas. Un año después de su muerte, los periodistas Jose Carlos Arevalo y José Antonio del  Moral publicaron, en aquella célebre colección La Tauromaquias que patrocinaba la editorial Espasa Calpe, un libro titulado “Nacido para morir”. Fue el libro que abrió está importante colección. A lo largo de sis 410 páginas, se recoge una muy documentada semblanza con gran cantidad  de datos, fotografías y entrevistas. En el se traza un completo, sugestivo, ameno y profundo recorrido por lo que fue la trayectoria profesional, personal y vital de este torero. Un libro que hoy sigue teniendo actualidad Y cuya lectura es más que recomendable. Y más, en un fin de semana sin …

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