Emilio Miranda Sanz, tercera generación de empresarios y apoderados taurinos de abolengo y excelente trayectoria, ahora las circunstancias le han convertido en padre de un aspirante a torero. Enrique Amat “Bueno, las cosas vienen así. Pero yo me voy a limitar a ser un espectador, estaré al margen. Por supuesto no le voy a apoderar. Eso si, teléfonos sí que tengo para que quien le ayude pueda llamar y que le atiendan. Nosotros dejamos un buen cartel y gracias a Dios ae nos quiere y nos respeta, pero como digo, yo me voy a mantener al margen.” Un gran currículum compone la singladura de su familia, que dejó un gran recuerdo. De gente seria y de buen hacer. “Por eso se pondrán al teléfono. La labor de mi padre y de mi abuelo fue sido siempre reconocida por todo el toreo. Y tenemos el trato y el cariño de todo el mundo taurino, después de haber trabajado con seriedad y rigor durante muchos años.” A si padre, el abuelo del torero, igual le hubiera hecho ilusión ver a este nuevo Emilio en el ruedo. “No lo sé. Mi padre le regaló un capote hecho por Fermin a mi hijo Luis, cuando apenas tenía cinco años. Y se quedó olvidado hasta que mi hijo Emilio lo cogió. Y se puso a torear con él. Yo creo que sí le hubiera hecho ilusión. Y le hubiera gustado. Aunque también hubiera sufrido algo.” En la dinastía de los Miranda, aparte de su …






